Carlota Escutia: “Estamos ante el cambio climático más rápido de los últimos tres millones de años”

Carlota Escutia es geóloga marina y acaba de recibir el Premio Jaume I en la categoría de Protección del Medio Ambiente. Sus investigaciones sobre el impacto del cambio climático en los mantos antárticos millones de años atrás ayudan a poner en contexto las consecuencias que puede tener el cambio climático de hoy si no se le pone freno. Pasada la vorágine del premio ha atendido a InfoSOS para explicarnos con detalle esos estudios.

Como investigadora científica ha estado ya en seis ocasiones en la Antártida, a la que define como “un gigante de hielo frágil”, y el próximo enero volverá al continente blanco por espacio de seis semanas en un nuevo proyecto de investigación. Pausada en el hablar y en un tono didáctico nos explica que, aunque el cambio climático no es algo nuevo en la historia de la Tierra, sí preocupa mucho la velocidad a la que se está calentando ahora el planeta por acción del hombre. “La variabilidad climática natural ha existido siempre. La sucesión de ciclos glaciares e interglaciares se ha repetido cada cien mil años casi como un cronómetro terrestre, con unas concentraciones de CO2 que no sobrepasaban las 300 partes por millón. De repente llegó el humano y empezamos a extraer y quemar los combustibles fósiles alterando el ciclo del carbono, que es vital en el sistema climático terrestre. Y de pronto tenemos una subida en las concentraciones de CO2, una subida en los gases de efecto invernadero, una subida en las temperaturas ‘brutalmente’ más rápidas”.

Así pues, la variabilidad ambiental de la Tierra ha dejado de ser solo natural y ahora la está marcando el hombre, y a una velocidad que supera la capacidad de resiliencia del planeta: “Estamos ante el cambio climático más rápido de los últimos 3 millones de años. Los cambios que han ocurrido en el pasado se han producido en escalas de cientos de miles a millones de años, mientras que ahora estamos hablando de cambios en un siglo y medio o dos siglos, desde que empieza la época industrial. Por esa rapidez hay también tantos problemas de adaptación de especies; porque esto no va solo de calentamiento global, son muchos los problemas asociados a él”.

¿Y dónde empieza su trabajo en este escenario? Explica que la falta de registros instrumentales más allá de la época preindustrial impide contar con precedentes con los que vaticinar con exactitud hasta dónde pueden llegar las consecuencias de este calentamiento global. Por eso, para salvar ese vacío, científicos como ella buscan en el pasado condiciones similares a las actuales y a las futuras. “No sabemos cómo va a reaccionar el planeta por el cambio climático presente y futuro, pero los estudios del paleoclima ayudan a poner en contexto los cambios actuales. Con los registros geológicos obtenidos podemos acotar y ayudar así a los modelos que se utilizan para hacer las predicciones. Por ejemplo, los modelos no consideraban que la Antártida Oriental se pudiera derretir rápidamente, y nosotros hemos aportado a dichos modelos que, si el calentamiento se mantenía en el tiempo por encima de los 2 grados, los mantos de hielo de la Antártida Oriental sí son vulnerables al calentamiento”.

Y así como el deshielo del Ártico no está produciendo una gran subida en el nivel del mar, pues al tratarse de un océano, ese hielo ya ocupaba un volumen en él; la Antártida es otra historia. “Hemos visto como en épocas pasadas y con una concentración de gases invernadero similares a las actuales, los niveles del mar han subido bastante. Y esa es la advertencia que mandamos desde el pasado: ¡Cuidado! Porque si no se cumplen los acuerdos de París y nos pasamos a los 2 grados y se mantienen esos 2 grados en el tiempo, la Antártida puede sufrir pérdidas de hielo que contribuirían a un aumento del nivel del mar mayor que el que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) nos dice ahora y que cifra entre 80 cm y 1 metro en el año 2100”.

Ya para finalizar, le preguntamos si ante el panorama general se inclina más del bando optimista o del pesimista y responde que prefiere hablar de realismo: “Soy realista, tenemos un problema y es un problema urgente. Hemos de actuar, tenemos una ventana de tiempo relativamente corta para hacerlo. Pero si todos nos ponemos, podemos realmente cambiar la tendencia. Está en nuestras manos que todo lo que estamos pasando y lo que está por pasar, que lo sea en menor medida o, incluso, que no nos pase”.