El cambio de clima, con temperaturas altas, amenaza la cantidad y la calidad de los cítricos valencianos

Las inusuales altas temperaturas que se han producido durante este invierno, con la ausencia de frío que conllevan, afectan a la producción citrícola de la Comunitat Valenciana, ya que se reduce tanto la calidad como la cantidad de estos cultivos. «Cuando la temperatura durante el cuajado es alta, se deforma el fruto y provoca que el crecimiento de la piel sea mucho mayor que lo que le corresponde, y si persiste, llega un momento que el fruto deja de crecer. En el caso de las mandarinas están huecas… Para que las flores abran bien, sean buenas y den buenos frutos es necesario que acumulen frío».

Así lo sostiene en una entrevista con EFE el catedrático emérito de la Universitat Politècnica de València (UPV) y fisiólogo de cítricos y algunos frutales Manuel Agustí, quien no obstante asegura que «de momento se puede ser moderadamente optimista, aunque hay que estar atentos».

Aumento de la temperatura del planeta

«Un cambio climático tarda décadas o cientos de años en producirse, no es instantáneo, pero lo que sí que es evidente es que hay un calentamiento del planeta. La temperatura ha subido, baja el nivel de los glaciares y de la superficie nevada, que se funde más deprisa», detalla Agustí.

Según el investigador, todo eso tiene que ver con el aumento en la atmósfera de los gases que se llaman captadores de calor, que han subido «espectacularmente» y sin embargo, la radiación del Sol sobre la superficie del planeta no se ha modificado.

«Eso supone que el aumento de calor que captan esos gases lo producimos nosotros -principalmente por el transporte-. Los datos hablan de que se vierten a la atmósfera nueve gigatoneladas de CO2 al año. De ellas, aproximadamente tres las capta la masa vegetal y dos vuelven al planeta vía océano, por lo que cuatro cada año se acumulan», explica.

La cantidad de CO2 en la atmósfera es «constante con algún aumento» pero cuando se acotan periodos de tiempo -los últimos 150.000 años o los últimos 2.000, «la tendencia va en aumento constante hasta los años 40 o 50 del siglo pasado, que empieza a subir mucho coincidiendo con la revolución industrial».

«La concentración de CO2 tiene forma de dientes de sierra pero una pendiente positiva», alerta.

La influencia del CO2 en cítricos y frutales

El CO2 vertido a la atmósfera es «muchísimo más que lo que la masa vegetal puede fijar» y eso afecta a los cultivos, porque aunque es un nutriente para las plantas «se ha demostrado que a medida que aumenta su concentración en la atmósfera, la actividad fotosintética es más baja».

«Las plantas, en una atmósfera enriquecida con CO2, siguen siendo capaces de realizar el proceso de la fotosíntesis pero con menos eficacia», aclara para añadir que eso afecta a la producción y calidad de los frutos.

Los frutales, según Agustí, «tiene una alta capacidad de adaptación» y, aunque «no son sensibles a los cambios pequeños», si se mantiene la tendencia al alza del CO2 «puede que en algún momento sean sensibles al cambio».

Los cambios térmicos afectan a las plantas

Los gases que desprendemos son captadores de calor y retienen el calor en la atmósfera. Esto significa que la temperatura del planeta ha ido subiendo y «esos cambios térmicos sí que pueden afectar a los a los frutales», según el investigador.

Agustí aclara que si se dice que 2023 ha sido el año más caluroso de la historia en que hay registros «no significa que hayan sido calurosos todos los meses, sino que es una media, pero sí que ha habido momento puntuales con mucho incremento térmico».

«Un aumento térmico notable y puntual de la temperatura puede afectar a la maduración de los cítricos. Si el suelo no se enfría o tarde mucho en hacerlo, los frutos tienen dificultad para madurar; a veces les cuesta hasta cambiar de color», observa y recuerda: «Para que las flores abran bien, sean buenas y den buenos frutos es necesario que acumulen frío».

La temperatura en verano les beneficia para la diferenciación floral, pero si se produce ese esa temperatura más elevada de lo normal durante el invierno les dificulta la floración.

«Cuando la temperatura durante el cuajado es alta, se deforma el fruto y provoca que el crecimiento de la piel sea mucho mayor que lo que le corresponde, y si persiste, llega un momento que el fruto deja de crecer. En el caso de las mandarinas están huecas; a eso se llama bufado. Estaban buenas, pero comercialmente tienen problemas».

Agustí explica que si se están cultivando variedades que necesitan muchas horas de frío y hay un invierno «templadito», va a afectar a la cuantía de la cosecha, porque las flores no van a producir frutos correctamente, y agrega que la alta temperatura dificulta la calidad. «Este aumento de las temperaturas en invierno afecta tanto a la cantidad como a la cantidad de los frutos», recalca.

También advierte de que a las altas temperaturas se le suma la escasez de lluvias, aunque asegura que estas evidencias son puntuales y «si este invierno ha sido templado, puede que el próximo sea helado; los cambios no son rápidos ni bruscos, son muy lentos y uniformes».

«Afecta a la producción y calidad de los frutos pero no dejan de ser momentos puntuales; un año se producen y otro no pero a lo largo de una secuencia de décadas, cada vez se dan más esas situaciones puntuales y la tendencia es al alza. De momento, podemos ser moderadamente optimistas, pero hay que  estar atentos», concluye.

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