Elsa Lacunza: «La contaminación lumínica priva al 80% de la población mundial de la experiencia de contemplar la Vía Láctea»

Elsa Lacunza Arnedo ha sido una de los estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia premiados por la Unesco por su proyecto para un futuro sostenible. En su caso, Elsa, de 23 años y actualmente diseñadora UX/UI en TheShiftingEye, participó en la creación de una ingeniosa lámpara que funciona con bioluminiscencia. 

«Este proyecto se originó como parte de mi Trabajo de Fin de Grado, con la valiosa guía y orientación de mi tutora, Esther González Aurignac. Comencé buscando un problema significativo para abordar ya que quería que mi proyecto tuviera un propósito claro y que trascendiera más allá de lo convencional», explica Elsa.

La razón de su propuesta estaba muy bien justificada. «Durante mi investigación, descubrí la gran problemática que rodea la contaminación lumínica y los efectos adversos que genera la Industria de la Iluminación».

Entre los hallazgos más destacados que obtuvo Elsa se encuentra que:

• La contaminación lumínica priva al 80% de la población mundial de la experiencia de contemplar la Vía Láctea, y afecta negativamente nuestros ritmos circadianos, con consecuencias que incluyen depresión y trastornos del sueño.

• La rápida evolución tecnológica ha acelerado la obsolescencia de numerosos productos electrónicos, incluidas las luminarias tradicionales, generando una preocupante cantidad de residuos electrónicos, estimada en unos 50 millones de toneladas anuales en todo el mundo.

• La iluminación ineficiente, caracterizada por su excesiva intensidad, prolongadas horas de funcionamiento y distribución ineficaz del espectro luminoso, ha provocado un consumo desmesurado de energía. Reemplazarla a nivel mundial podría ahorrar hasta 1044 TWh de electricidad al año.

Tal era el nivel sobreproducción lumínica que «ante los desafíos planteados por la Iluminación Tradicional, me embarqué en una investigación para reducir el impacto del ser humano en la iluminación, y así descubrí el potencial de la bioluminiscencia. Inicié pruebas y experimentos con microalgas de la especie Pyrocystis lunula para comprender sus necesidades y requisitos, sentando las bases para el diseño de la lámpara».

«Esto marcó el inicio de la fase de conceptualización, donde exploré diversas ideas, definí la propuesta y creé diferentes maquetas hasta que evolucioné hacia la fase de detalle, donde profundicé en el proceso técnico necesario para materializar la propuesta», añade la premiada por la Unesco.

Una alternativa verde

De esta manera nace Aroa, «una lámpara que se ilumina sin necesidad de ningún componente electrónico, aprovechando exclusivamente la bioluminiscencia como fuente de luz. Su activación requiere simplemente que una persona la gire, generando así un flujo en el líquido bioluminiscente en su interior».

El origen de su nombre es el euskera, «conlleva el significado de ‘era’, simbolizando el comienzo de una nueva etapa en la iluminación. Aroa representa la transición hacia una iluminación más sostenible y responsable, al eliminar la contaminación lumínica y fomentar un enfoque consciente en nuestras decisiones de consumo. Fabricada con corcho y vidrio reciclados, Aroa adopta los principios de la Economía Circular para minimizar su impacto a lo largo de su vida útil. Además, su diseño está pensado para fomentar la reutilización, como vaso, jarrón, infusor de agua con frutas, entre otras opciones. Se prioriza la reparación, la remanufacturación y, como último recurso, el reciclaje, asegurando así un ciclo de vida sostenible y responsable del producto».

En cuanto a las futuras aplicaciones que podría tener destaca «la versatilidad de esta lámpara trasciende los límites convencionales de la iluminación doméstica. Su diseño innovador y su capacidad para iluminar sin componentes electrónicos la hacen ideal para una amplia gama de aplicaciones. Desde lámparas de escritorio y de techo en el hogar hasta farolas y carteles publicitarios en espacios públicos, las posibilidades son infinitas».

Además indica que «su eficiencia energética y su respeto por el medio ambiente la convierten en una opción atractiva para la iluminación tanto interior como exterior. Además, su impacto positivo en la reducción de la contaminación lumínica la posiciona como una solución innovadora y sostenible para las necesidades de iluminación modernas».

El reconocimiento por parte de la Unesco ha sido «una gran motivación para continuar impulsando proyectos que promuevan la sostenibilidad en nuestro mundo. Además de validar nuestro trabajo con un certificado, la Unesco e IIDA nos brindarán la oportunidad de participar prioritariamente en exhibiciones y foros internacionales de las Naciones Unidas. Esta posibilidad es muy atractiva si en algún momento considero encaminar mi trayectoria en esa dirección. Además, existe una alta probabilidad de que se lleve a cabo una ceremonia de premios en Shanghái, lo cual sería una oportunidad increíble para establecer contactos y ampliar nuestra red profesional. Participar en un evento de esta magnitud nos permitiría conectar con personas y organizaciones de todo el mundo que comparten nuestro interés por la sostenibilidad y la innovación».

Otras propuestas medioambientales de futuro en las que a Elsa le gustaría desarrollar son las «numerosas problemáticas ambientales que sería interesante abordar. Me gustaría explorar tanto proyectos medioambientales como sociales, aunque en este momento no tengo una idea clara sobre cuál sería mi enfoque principal»

Artículo de Richard Escriche.

InfoSOS, por un mundo sostenible.