José Ángel Núñez: «Aún estamos a tiempo de mitigar los efectos más severos del cambio climático»

Es el Jefe de Climatología de AEMET en la Comunitat Valenciana. José Ángel Núñez es una voz autorizada en cuestiones meteorológicas, del día a día pero también en los comportamientos del clima a largo plazo.

Según el último boletín climático del servicio europeo de Copérnicus, el planeta acumula 10 meses consecutivos de récords de calor. «Las proyecciones de evolución de las temperaturas en el Planeta y en nuestro territorio son muy coherentes con las observaciones. Estas proyecciones nos indican que las decisiones que tomemos ahora en nuestro modelo energético tendrán sus consecuencias, sobre todo, en la segunda mitad de este siglo. Según el mismo Servicio de Cambio Climático de Copernicus, a este ritmo, alcanzar 1,5 °C de calentamiento global -un límite establecido en el acuerdo de París, lo podemos ver en menos de 10 años».

A pesar de que el fenómeno de El Niño se está debilitando, las temperaturas de los océanos han sido muy altas en el último año. Según Núñez las consecuencias implican que «los océanos y mares son sumideros naturales de CO2 y también absorben parte del exceso de calor que se está acumulando en la atmósfera debido a la potenciación del efecto invernadero por la mayor proporción de estos gases. En aguas marítimas que rodean España, precisamente la zona que más se ha calentado es lo que llamamos mar Balear, que es la zona marítima entre las Islas Baleares y las costas de Valencia, Castellón, Tarragona y Barcelona. Ese calentamiento es de 1,2 °C desde 1940 y hemos visto como en el Mediterráneo occidental los dos últimos años han sido los más cálidos».

«El indudable incremento de la temperatura del aire y de la temperatura del mar está dando lugar a una mayor evaporación, que está fuertemente relacionada con la mayor disponibilidad de agua total en la columna atmosférica en verano y al principio del otoño, lo cual finalmente puede conducir a una mayor intensidad en las precipitaciones, principalmente en las comarcas litorales mediterráneas. Esta mayor intensidad de las precipitaciones en el litoral, para un volumen de precipitación anual similar o ligeramente superior, implica que la misma cantidad de precipitación se está acumulando en menos días de lluvia, con más torrencialidad, a costa de las precipitaciones más eficientes de intensidad moderada o débil que tienen una mayor efectividad que las torrenciales, que provocan más escorrentía y pérdida de suelo estos breves episodios de lluvias torrenciales registrados en menos días de lluvia está flanqueados por intensos periodos de sequía, como estamos viendo este año», explica Núñez.

El climatólogo añade que consecuentemente «hay indicios de que estamos ante un nuevo patrón en la forma en la que se producen las precipitaciones en las comunidades mediterráneas, con lluvias torrenciales más espaciadas en el tiempo, fenómenos más energéticos y más focalizados en el espacio, de duración más corta y mayor intensidad puntual y más próximos al litoral, con una expansión de las fechas típicas en las que se producen las precipitaciones torrenciales. Este nuevo escenario, sin duda, se irá intensificando con el paso del tiempo, por lo que hay que tomar políticas decididas para la adaptación a la nueva situación y la mitigación de sus efectos. De forma inmediata y más fácilmente perceptible por la población, el calor del Mediterráneo implica noches más cálidas en verano, con un incremento de las noches tropicales y tórridas, que hace difícil que se pueda conciliar el sueño».

Se ha declarado la «sequía extraordinaria» en la mayoría de la Comunidad Valenciana con los peores datos en 33 años. Núñez adelanta que «en nuestra zona, de orografía compleja y al lado de un mar cálido, las previsiones estaciones, a varios meses vista, son complejas y no tienen la fiabilidad que las previsiones ordinarias a 7 o 10 días. A corto plazo no se espera un episodio de lluvias generalizadas y la tendencia más probable para los próximos meses es que las temperaturas se sitúen claramente por encima de los valores normales y no hay una tendencia clara en cuanto a si las precipitaciones se van a apartar de los valores climatológicos normales».

Una mentalidad positiva

El secretario ejecutivo de la ONU para el cambio climático, Simon Stiell, ha alertado que los próximos dos años serán «esenciales» para salvar el planeta. «El futuro del clima está en nuestras manos y las decisiones que tomemos ahora definirán cómo será el clima futuro. Los gases de efecto invernadero que ahora estamos emitiendo permanecerán en la atmósfera siglos, por lo que los efectos del pasado no se pueden revertir a corto plazo. Lo que sí estamos a tiempo, una vez que el problema está identificado (nuestro modelo energético), es lograr que los efectos del cambio climático no sean catastróficos para la humanidad. Por eso, cuando se hacen proyecciones de calentamiento para el siglo XXI se toman como referencia varios escenarios de emisiones, desde los más optimistas que consideran un cambio radical en nuestro modelo de consumo energético (escenario que estamos lejos de conseguir), a los más pesimistas que suponen que las emisiones de gases de efecto invernadero seguirán produciéndose sin cambios. Aún estamos a tiempo de mitigar los efectos más severos del cambio climático», responde optimista.

Algunos opinan que los gobiernos del G20 no están dedicando suficientes recursos ante la crisis climática. El portavoz de Aemet opina que «la Agencia Estatal de Meteorología se puede decir que somos notarios de lo que está ocurriendo en el clima y responsables de cómo evolucionará el clima del futuro teniendo en cuenta distintos escenarios de emisiones, pero no somos los responsables de las políticas de adaptación a este nuevo escenario y ni las de mitigación».

No obstante, «las políticas y recursos son complejos, porque el clima no conoce de fronteras y las actuaciones tienen que ser necesariamente globales y estas políticas implican un cambio en nuestro modelo energético que no resulta sencillo pero, dentro de las políticas de adaptación y mitigación, los países europeos estamos a la vanguardia de las actuaciones».

«Cualquier gesto, por pequeño que parezca, influye, aunque desde luego las acciones deben de ser globales. Además de ir adaptando nuestros hábitos de vida y consumo a este nuevo escenario, en los países democráticos tenemos el privilegio de poder elegir a nuestros representantes y, por tanto, también con nuestras actividades democráticas tenemos poder para decidir quién nos representa mejor para lograr estos objetivos», razona Núñez. El cambio de metalidad es cuestión de todos.

Artículo de Richard Escriche.

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