La Albufera de Valencia emite señales inequívocas de que su extinción ya está muy cerca

El Parque Natural de La Albufera de Valencia está más amenazado que nunca. Todos los indicadores de supervivencia están en rojo, como sus aguas que en estos días se han teñido de color pardo rojizo, encendiendo todas las alarmas entre los conservacionistas.

Su desaparición tiene fecha. Según los científicos que investigan las consecuencias del cambio climático dan por hecho que antes de que termine este siglo, el nivel del mar Mediterráneo subirá alrededor de un metro, lo cual significaría que el agua salada marina inundaría este lago que históricamente ha encantado a los residentes y visitantes de la ciudad de Valencia. Su actual vegetación y fauna de agua dulce desaparecerían por completo al aumentar las salinidad.

Pero la acción humana está acelerando el proceso de extinción. Son múltiples los factores que amenazan la vida de La Albufera.

La más dañina es la falta de caudales de agua dulce y su mala calidad porque sin esas aportaciones de agua, no hay futuro para la vida en el lago. Los barrancos de la zona oeste apenas aportan nada por la fuerte sequía de los últimos años. Además, cuando llueve, lo que llega al lago es más limo que otra cosa, lo que contribuye a su colmatación. Y los vertidos industriales y urbanos de las poblaciones circundantes terminarán por convertir este paraíso en una cloaca.

La presión urbanística es otra grave amenaza. Todos los núcleos turísticos de la costa y las históricas poblaciones del interior intentan cada año comerle terreno al parque natural, palmo a palmo. Construcción de viviendas, ampliación de las industrias, remodelación de los establecimientos hosteleros, instalación de nuevas infraestructuras para el turismo y un sinfín de intentos invasivos se presentan cada año en las concejalías de Urbanismo de los municipios circundantes en forma de solicitud de licencia de obras.

El modelo agrícola actual, basado en el uso de productos químicos, abonos y pesticidas, ha convertido a los históricos arrozales de La Albufera en uno de los peores enemigos del humedal. Es pan para hoy y hambre para mañana. La contaminación química de las aguas es imparable y llegará un día no lejano en el que ya no se podrá cultivar nada en esa pócima de derivados del petróleo.

Para terminar de acabar con los valores naturales del parque, algunos desaprensivos han convertido la caza de patos en un juego descontrolado que está poniendo en peligro su rica biodiversidad.

En suma, una confluencia de amenazas que permiten vislumbrar un próximo y negro final para uno de los espacios naturales más valiosos e interesantes de Europa, junto con Doñana. Han saltado las alarmas pero no parece que haya nadie dispuesto a tomar medidas realmente eficaces e inmediatas para salvar La Albufera de Valencia.