La distribución de la vegetación, un cortafuegos contra el colapso de los ecosistemas áridos

Una investigación del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF) ha permitido descubrir que la manera como la vegetación se distribuye en el espacio puede actuar como cortafuegos contra el colapso de un ecosistema cuando aumenta su aridez.

El estudio, publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’, detalla que la vegetación presenta patrones organizativos característicos en condiciones ambientales estresantes, como la sequía, capaces de aumentar la resiliencia de los ecosistemas.

La investigación del IBE, un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha revelado que la disposición espacial de la vegetación determina el grado de degradación de los ecosistemas áridos y su capacidad de resiliencia, según ha informado el IBE en un comunicado.

Estos patrones proporcionan una herramienta de monitorización muy útil en el control de los ecosistemas áridos, aunque si el territorio ya está degradado a causa de la actividad humana, este sistema de resiliencia se pierde.

La estructura espacial de la vegetación en los ecosistemas de tierras secas ha fascinado durante mucho tiempo a los científicos debido a su apariencia llamativa, ya que se observan islas de vegetación rodeadas por un suelo desnudo.

«Este trabajo es parte de un esfuerzo internacional por comprender la naturaleza de la resiliencia de los sistemas áridos», ha indicado Ricard Solé, investigador ICREA del Departamento de Medicina y Ciencias de la Vida de la UPF e Investigador Principal del Laboratorio de Sistemas Complejos en el IBE.

El investigador ha afirmado que «se prevé que sufriremos sequías extremas debido a la crisis climática, por lo que es vital comprender cómo responden los ecosistemas ante la escasez de agua».

Al combinar datos de campo de 115 lugares de todo el mundo, modelos matemáticos y teledetección, la investigación muestra que la forma en que la vegetación está organizada en el espacio actúa como cortafuegos contra el colapso del ecosistema cuando aumenta la aridez.

Los científicos han descubierto que las plantas crecen con mayor espacio entre ellas a medida que aumenta la aridez: cuanto más seco es el ambiente, más espaciada está la vida vegetal en ese territorio.

Esto hace que los ecosistemas saludables de tierras secas puedan adaptarse mejor a la escasez de agua y las altas temperaturas, lo que aumenta su resiliencia frente a la desertización.

El estudio advierte de que la capacidad de los ecosistemas para responder adecuadamente al cambio climático podría verse comprometida si ya sufren degradación causada por el ser humano, por sobrepastoreo, biodiversidad empobrecida y explotación de recursos.

En estos casos, la capacidad adaptativa de la vegetación se pierde, disminuyendo la resiliencia de los ecosistemas áridos y aumentando, al mismo tiempo, la degradación y la escasez de agua, aunque gracias al estudio puede identificarse esta degradación.

Los científicos sugieren que monitorizar los cambios o la falta de cambios en los patrones espaciales de la vegetación de los ecosistemas áridos podría utilizarse como indicador temprano de degradación.

Esto podría ser un paso crucial hacia el desarrollo de herramientas para ayudar a manejar y preservar los ecosistemas de tierras secas en un mundo más cálido y seco. 

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