Miguel A. Pérez-Martín (UPV): «Hay que hacer un esfuerzo para que la sociedad sea consciente de la reducción de recursos naturales»

Los investigadores de la Universitat Politècnica de València (UPV), Miguel Ángel Pérez-Martín y Clara Estrela-Segrelles, pertenecientes al Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente (IIAMA), en colaboración con el profesor QJ Wang de la Universidad de Melbourne han realizado un estudio que recomienda medidas concretas para adaptar la gestión del agua en la Demarcación Hidrográfica del Júcar debido a los retos que supone el cambio climático.

El estudio parte de una premisa contundente, “El área mediterránea es una de las regiones más vulnerables del mundo», Pérez-Martín señala que «en el ámbito científico ya se es consciente de la futura reducción en los recursos naturales en el área Mediterránea. En el ámbito técnico cada vez más se conoce, aunque hace falta más esfuerzo en comunicación. Y claramente hay que hacer un mayor esfuerzo de comunicación para que la sociedad sea consciente de esta situación y de la necesidad de poner en marcha medidas de adaptación».

Mejorar la reutilización del agua, pasando del 20 al 50% es una de las recomendaciones más importantes que hace el informe. «Hay que realizar inversiones en infraestructuras hidráulicas para poder enviar el agua de las plantas de tratamiento a las zonas agrícolas. Hay que realizar un esfuerzo inversor y el desarrollo de las infraestructuras, además de las medidas administrativas y de gestión necesarias para hacer este recurso atractivo y viable para los agricultores. Pero es más importante hacer un esfuerzo de información, concienciación y medidas administrativas para superar las resistencias de algunos agricultores, que aún existen en algunas zonas, a la utilización de este recurso», explica el investigador de la UPV.

Riego y desalinización

En una región tradicionalmente agricultora, por ello Pérez-Martín destaca que «en la actualidad la eficiencia agrícola es bastante elevada. Pero aún se puede mejorar más. En Alicante y la cuenca del Vinalopó la eficiencia media del uso agrícola teniendo en cuenta todo el proceso desde la captación hasta la aplicación en parcela es muy elevada, debido a que el recurso es más escaso. Esto demuestra que se puede aumentar la eficiencia media actual en el uso del agua en las cuencas del Júcar y del Turia a los niveles de eficiencia que hay en el Vinalopó».

«En la actualidad están en desarrollo proyectos de modernizaciones de riego en la cuenca del Júcar, hay que seguir con este tipo de actuaciones y modernizar todo el sistema agrícola de la Demarcación del Júcar. Además, hay que tener en cuenta que esta modernización en el riego, si incluye la fertiirrigación, reduce también la contaminación por nutrientes al medio natural. Reduce el exceso de nitrógeno que contamina por nitratos los acuíferos y el exceso de fósforo y nitrógeno superficial que contamina ríos y lagos y contribuye a la eutrofización de estos», explica.

En cuanto a la desalinización del agua del mar Pérez-Martín señala que este proceso «es cada vez más eficiente y el consumo energético requerido para desalar un m3 de agua es cada vez menor, por lo que su coste de producción también es cada vez más bajo».

La energía fotovoltaica es una apuesta de futuro para guiar el agua hasta las zonas de consumo. «La energía solar fotovoltaica contribuye a reducir los costes del agua desalada, lo que hace que este recurso sea también atractivo para la agricultura, como está sucediendo en Alicante, Murcia y Almeria. Permite producir agua desalada con una energía renovable, reduciendo la huella de carbono y la emisión de gases de efecto invernadero. Para ello, es conveniente que la instalación de las plantas fotovoltaicas se desarrolle en zonas donde no afecten a terrenos agrícolas de alta producción. Internacionalmente cada vez más se están desarrollando más proyectos de instalación de plantas fotovoltaicas cubriendo canales de transporte de agua, balsas o embalses, cumpliendo en este último caso con los requisitos ambientales. El desarrollo de las plantas solares debe realizarse en terrenos de baja producción».

«Además, la instalación de plantas solares se puede realizar con una mayor integración ambiental y social, la cual se consigue aumentando la distancia entre paneles solares, lo cual permite el desarrollo de vegetación entre las líneas de panales solares y el desarrollo de otras actividades, como pastoreo, apicultura y otros. Todo esto se denomina agrovoltaica», razona el coautor del estudio.

Tiempo de actuar

Por su experiencia, Pérez-Martín indica que «las medias de adaptación hay que empezar a abordarlas en la actualidad. Todas las medidas son medidas que contribuyen a una mejora en la eficiencia y racionalidad en el uso del agua, las cuales ya es necesario implementar. Es necesario tener clara la hoja de ruta e iniciar los estudios, proyectos, medidas administrativas y de gestión para implementar este tipo de medidas»

«También hay que desarrollar las medidas de protección ambiental de los ríos frente al cambio climático. A las medidas ya indicadas de mejora en la eficiencia del riego que contribuye a reducir el retorno de agua con nutrientes, nitrógeno y fósforo, que contamina los acuíferos por nitratos y contribuye a aumentar el riesgo de eutrofización de ríos y lagos como la Albufera de Valencia», puntualiza.

El cuidado de los ríos y embalses

El estudio también recomienda vigilar el estado de los ríos: «hay que incorporar las medidas para compensar el incremento de temperatura que pueda producirse en el agua de los ríos. El incremento de temperatura del aire debido al cambio climático aumentará la temperatura del agua de los ríos, lo cual reducirá el hábitat de las especies de aguas frías, como la trucha común. También afectará muy significativamente a los macroinvertebrados en todos los ríos, por lo que se verá afectada toda la cadena trófica y todo el ecosistema».

Pérez-Martín explica que «en ese sentido la restauración fluvial, con el desarrollo del bosque de ribera que produzca sombra sobre la lámina de agua, reduce la radiación directa del sol en el agua y reduce la temperatura del agua, de forma que puede compensar el incremento de temperatura que produce el cambio climático. Hemos calculado que incrementar un 10% la sobra sobre el río puede reducir 1ºC la temperatura del agua. La restauración fluvial mejorará el hábitat del río por lo cual lo hará menos vulnerable al cambio climático».

«Por otra parte, la gestión de sueltas de agua de los embalses debe incorporar la temperatura del agua como variable de decisión para conseguir la temperatura del agua adecuada de los tramos de río situados aguas abajo de los embalses. Esto se puede conseguir incorporando las infraestructuras necesarias para seleccionar la altura de captación del agua en el embalse y la adecuada oxigenación de las salidas de agua de los embalses», concluye Pérez-Martín. 

Artículo de Richard Escriche.

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