Eduardo Galante Patiño (CIBIO): “El futuro de comer insectos pasa por un cambio de mentalidad”

“Los insectos son imprescindibles para la vida”, asegura el entomólogo e investigador del Centro de Investigación para la Biodiversidad de la Universidad de Alicante (CIBIO), Eduardo Galante Patiño, en una entrevista con InfoSOS en la que nos desvela por qué son vitales, cómo protegerlos o si serán parte de nuestra dieta en el futuro.

Según los datos de este profesor Emérito de la UA, especializado en la conservación de la Biodiversidad y el Medio Ambiente y director del Museo de la Biodiversidad de Ibi (Alicante), “hay más de un millón de especies en todo el mundo, cuando todos los seres vivos que conocemos hasta el momento- incluyendo desde bacterias y hongos microscópicos a nosotros- son 1.800.000”. En España la cifra alcanza las 45.000 especies, “más que vertebrados en el mundo”, asegura. “Algo tienen que hacer bien en el ecosistema porque la evolución elimina aquello que no tiene papel o no funciona”, advierte.

Una de sus funciones principales es la polinización. “Más del 70% de la polinización de plantas silvestres la hacen los insectos y por tanto la producción de frutos y la continuidad de las especies se debe a los insectos”, asegura. Por otra parte, forman parte de las redes tróficas de otros organismos como aves, reptiles, anfibios, peces… y también son los grandes descomponedores de la naturaleza. “Los insectos hacen el compost para que las tierras se fertilicen”, explica.

Después están los “insectos útiles” que controlan las plagas. “Es lo que se llama el control biológico que es inocuo y beneficioso para nosotros, mantiene el estado del bienestar y la salud de los productos con los que nos alimentamos, eliminando los agroquímicos”, afirma.

Los insectos también son fuente de alimento en países de América, África o Asia. En España, la producción de insectos “se dirige a la alimentación animal, aunque hay alguna empresa que introduce la proteína de insecto en barras energéticas” y “es una base proteínica de futuro” porque “en peso seco la proteína de insecto es casi el doble que la de un filete de ternera y los ácidos grasos son insaturados y esto es muy importante para la salud. El futuro de comer insectos pasa por un cambio de mentalidad”, augura. “Un saltamontes se diferencia poco de una gamba: una está en el mar y el otro saltando por el prado, aunque tienen una textura diferente”, apunta.

Sin embargo, las poblaciones de insectos están disminuyendo. “Hay muchas causas y no se saben todas, pero es evidente que la agresión del mundo natural con plaguicidas y alteración del medio que se ha producido en los últimos cien años y, especialmente en las últimas décadas, ha tenido un gran efecto sobre estas poblaciones”, dice.

Otra causa es la fragmentación y artificialización del medio o sellado del territorio, por ejemplo con cemento, que dificulta el intercambio genético de las poblaciones. O el cambio climático que es la consecuencia “que demuestra que algo hemos hecho mal. Sólo el aumento de uno o dos grados al año puede hacer que algunas especies no puedan vivir y, si no tienen capacidad de vuelo, están abocadas a la extinción. Y esos huecos los llenan las especies oportunistas, que son las invasoras. Un ecosistema bien conservado con una rica comunidad dificulta la penetración de especies invasoras”, subraya.

Docente durante 48 años en la UA, Galante Patiño promovió durante su etapa de tres décadas al frente de la Asociación Española de Entomología, la creación de las reservas entomológicas, una idea que surgió como “una colaboración con distintos grupos sociales, ONG, administraciones, particulares donde incentivar la conservación de la naturaleza” porque “podemos conservar en nuestro entorno a través de los insectos”, señala. 

“Es un espacio con cierta riqueza entomológica o que mantiene especies protegidas o amenazadas”, detalla. La petición de reserva puede partir de un particular, ONG o administración local y la Asociación, tras examinarlo, le da un diploma o sello de calidad, que no tiene categoría administrativa, con el compromiso de que se mantenga “para contribuir a la regeneración de hábitat y hacer educación ambiental en grupos sociales y escolares”, señala. 

Artículo de Kati Ferrero.

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