Un proyecto de I+D coordinado por Inescop convierte al mejillón en bioestimulante para las plantas

Cada año unas 90.000 toneladas de mejillón, entre el 10 y 40% de la producción anual según un informe de la Asociación Empresarial de Acuicultura de España Apromar, son calificadas como mermas. Es el nombre que se le da al producto que se pierde durante su preparación y venta por la rotura de una concha, un pequeño tamaño o la pérdida de humedad.

Ahora, un proyecto europeo coordinado por el Centro Tecnológico del Calzado, Inescop, con sede en Elda (Alicante), les quiere dar nuevos usos en la agricultura, alimentación o industria en un proceso de bioeconomía circular que reduzca residuos y genere ingresos adicionales al sector primario.

Bivalvos, que así se denomina esta iniciativa de I+D+I quiere valorizar, tanto las conchas, como la carne de mejillones y clóchinas y tiene varias líneas de investigación abiertas.

Por un lado, con el Instituto Tecnológico de la Cérámica ITC de Castellón, se extraerá carbonato cálcico de las conchas para utilizarlo en la formulación de bioplásticos y soportes cerámicos que se aplicarán en sistemas de depuración de aguas y otras aplicaciones industriales. Además, será un ingrediente en la formulación de bioestimulantes para aportar calcio a las plantas.

Por otro lado, de la carne del molusco se extraerán unos hidrolizados de proteína que también se utilizarán como bioestimulantes para que las plantas absorban esos aminoácidos. “Darle nitrógeno orgánico a la planta, más rápido de asimilar, hace que las semillas de las plantas crezcan hasta un 65% más rápido, según hemos comprobado ya in vitro en el laboratorio”, explica el coordinador del proyecto en Inescop, Henoc Pérez, en la imagen.

“Es la primera vez que se aplica como estimulante”, asegura este investigador. Y, aunque la concha del mejillón “se ha utilizado en otras cosas, la carne no”, precisa.  De hecho, Inescop es responsable de valorizar la carne.

Este proceso ha permitido recuperar “entre el 60 y 75% de la proteína presente en el mejillón, con un contenido proteico superior al 40% y un porcentaje en aminoácidos libres que oscila entre el 15 y el 26% del total”, añade este experto en revalorización.

Una línea más de investigación contempla la fabricación de snacks funcionales, donde la carne no comercializable se transforme en un nuevo producto alimentario. En esta ocasión se realiza en colaboración con Asincar, el Cluster Tecnológico Agroalimentario de Asturias. 

En Bivalvos también participan la Unió Llauradora i Ramadera y la empresa Clóchinas Navarro que proporciona la merma.

El proyecto cumplirá un año en julio y concluirá en diciembre de 2026. Su objetivo es hacer más eficiente el sector primario español. “Nos han pedido que encontremos una solución en el sector primario español, que es agricultura o alimentación, y que las aplicaciones también sean para el sector primario”, dice Henoc Pérez.

El fin último es que una serie de empresas puedan industrializar los procesos y comercializarlos. Como ejemplo, el mercado de los bioestimulantes crece un 12,4% al año y se prevé que en 2025 alcance los 4.200 millones de euros en el mundo, un 50% más que en 2021. Solo en España se exportaron 92.000 toneladas de bioestimulantes basados en hidrolizados proteicos por valor de 37 millones en 2019.

Artículo de Kati Ferrero

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