
La Asociación Huella de Carbono es una red “de personas que ayudan a otras personas”, resume Ion Iglesias, responsable de formación y campus de esta organización que tiene su sede en Gavá (Barcelona), pero trabaja en remoto.
Fue creada por un grupo de personas retiradas que querían devolver a la sociedad lo que habían recibido durante su trayectoria profesional y plantaron más de 40.000 árboles en los primeros años. Pronto detectaron que “muchas personas, entidades y pequeñas organizaciones ni siquiera sabían qué era su huella de carbono, ni cómo calcularla, reducirla o compensarla. Fue ahí donde identificaron una necesidad real y urgente y decidieron actuar”, explica Iglesias.
La huella de carbono es la cantidad total de gases de efecto invernadero (GEI), principalmente dióxido de carbono (CO2), que se emiten directa o indirectamente como resultado de las actividades humanas. Se utiliza como un indicador ambiental para medir el impacto de esas actividades en el cambio climático.
Desde entonces, ya constituida como una red de voluntariado por la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático, ha sumado la colaboración de 364 personas voluntarias formadas, más de 160 activas y 14 coordinadores, de entre 20 y 90 años, con un perfil mayoritariamente femenino (7 de cada 10 participantes), explica el responsable de la formación.
Su trabajo a distancia le ha permitido conectar el trabajo de personas de todos los rincones de España y de fuera. “Gracias a esta estructura ha extendido su labor a 23 países y la asociación ha logrado tener presencia en impacto mucho más allá del ámbito local”, destaca Iglesias.
Actualmente, el eje de su actividad gira en torno a dos grandes líneas: los proyectos de cálculo de cálculo y registro de huella de carbono, y la formación a ciudadanos, entidades y voluntariado que realizan online y se puede solicitar en su web.
Con este objetivo han desarrollado un programa pedagógico propio, que forma a los llamados Embajadores Climáticos en tres niveles, combinando “conocimientos técnicos con herramientas prácticas y humanas”, señala.
“Los resultados hablan por sí solos: a finales de 2024 la AHC había acompañado a 110 proyectos activos de huella de carbono, ayudando a medir más de 28.000 toneladas de CO2, de las que cuales se han compensado más de 14.000 toneladas, y ha logrado registrar 42 proyectos ante el Miteco”, resalta Ion Iglesias que destaca que ha sido una labor voluntaria y sin lucro.
En paralelo, la organización ha plantado 63.000 árboles y ha participado en la reforestación de 380.000 metros cuadrados de terreno. Para 2025 hay marcados “objetivos ambiciosos, pero realistas, como son ampliar el programa de formación, llegar a nuevos territorios y sectores, consolidar alianzas y sobre todo seguir creciendo en impacto sin perder la esencia. Cuando se trata de cuidar el planeta, cada pequeña acción cuenta y si se hace en red mucho más”.
Artículo de Kati Ferrero.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




