Alejandro Carbonell (Green Urban Data): “Lo verde también cura, pero hay que diseñarlo bien y gestionarlo con rigor”

Vivimos en la era de la Inteligencia Artificial y aunque está dando sus primeros pasos en aplicaciones más cotidianas su influencia es inevitable. En Green Urban Data se aplica la IA para la toma de decisiones estratégicas y de gestión en las zonas verdes de las ciudades. El urbanismo del siglo XXI exige zonas verdes para equilibrar la contaminación de las ciudades, pero ¿son suficientes? “No se trata solo de cantidad, sino de acceso, distribución y funcionalidad.

En muchas ciudades tenemos zonas verdes, sí, pero no siempre están bien repartidas ni cumplen una función ambiental o social clara. Es decir, puede haber un gran parque en la periferia, pero si no hay árboles en tu calle o un espacio verde en tu barrio, no estás recibiendo los beneficios reales de la infraestructura verde”, explica Alejandro Carbonell, CEO y cofundador Director Ejecutivo de Green Urban Data. Este arquitecto decidió enfocar su carrera hacia la innovación ambiental y la transformación digital para hacer frente al cambio climático y crear ciudades más justas y habitables.


“Desde Green Urban Data abordamos este problema con una visión basada en datos y utilidad. Lo primero que hacemos es medir la cobertura verde real y cómo se distribuye por barrios, aplicando estándares como la regla 3-30-300 o desarrollando indicadores de equidad verde. Esto nos permite detectar de forma muy visual y objetiva dónde hay carencias, dónde se concentran los beneficios y qué zonas están en desventaja.


Después, generamos cuadros de mando e informes para que los técnicos puedan priorizar actuaciones, justificar inversiones y hacer seguimiento del impacto”, explica
Carbonell. El CEO añade también que “analizamos aspectos como el tipo de vegetación, su potencial de sombra, su conexión con otras zonas verdes y su capacidad para aportar beneficios climáticos, ambientales y sociales.

Todo ello se hace de forma digital, escalable y sin necesidad de trabajo de campo intensivo, lo que permite actuar con agilidad y visión estratégica. La infraestructura verde es esencial, pero si no se gestiona con datos, se convierte en una oportunidad perdida. Nuestro trabajo consiste en que esa oportunidad se convierta en decisión, planificación y mejora concreta para la ciudadanía”.


Estudios sobre impacto ambiental y justicia social


La capacidad de análisis y de soluciones para el medioambiente ha sufrido una revolución en la última década: “Sin duda hemos mejorado, tanto en las herramientas como en el enfoque. Hace una década, los estudios sobre impacto ambiental o necesidades verdes en las ciudades se basaban casi exclusivamente en criterios técnicos clásicos, muchas veces con información dispersa, poco actualizada o difícil de interpretar para la toma de decisiones.

Hoy, el cambio más relevante ha sido el paso de
una visión descriptiva a una visión estratégica y orientada a la gestión. Ya no se trata solo de recoger datos ambientales, sino de traducirlos en conocimiento práctico,
accionable y útil para planificar mejor las ciudades.

Además, el impacto ambiental ya no se mide sólo en términos ecológicos. Ahora se consideran factores como la salud pública, la equidad territorial, la vulnerabilidad climática o el bienestar social, lo que obliga a integrar variables urbanas, sociales y de salud en el análisis”.


Desde Green Urban Data se trata esta complejidad de datos junto con un enfoque que combina “tecnología, ciencia y utilidad”. Carbonell asegura que se aplican «sistemas de análisis basados en inteligencia artificial y teledetección para identificar patrones urbanos, cruzamos datos ambientales con variables socioeconómicas y construimos indicadores que ayudan a priorizar intervenciones, no solo a diagnosticarlas. Pero lo
más importante no es la tecnología, sino el cambio cultural: cada vez más ciudades entienden que la información ambiental debe estar al servicio de la planificación urbana, la salud y la justicia social. Y eso es una gran noticia”.


“La inversión en espacios verdes urbanos no solo es rentable, sino que representa una estrategia clave para abordar desafíos ambientales y sociales en las ciudades. Un ejemplo destacado es el Parque Olímpico Forestal de Pekín. Inaugurado en 2008 para los Juegos Olímpicos, este parque urbano de 680 hectáreas ha demostrado múltiples beneficios:
● Ambientales: Los árboles del parque secuestran aproximadamente 3.962 toneladas métricas de CO2 al año, equivalente a retirar 777 vehículos de pasajeros de las carreteras. Además, el parque utiliza agua reciclada para reducir el consumo de agua potable en 950.000 metros cúbicos anuales y genera 83.000 kWh de electricidad al año mediante paneles solares, reduciendo el consumo de carbón y las emisiones asociadas.
● Sociales: El parque ha mejorado significativamente la calidad de vida de los residentes locales, proporcionando espacios para la recreación y el ejercicio. En 2011, sirvió como aula al aire libre para alrededor de 2.000 niños de escuelas primarias cercanas.
● Económicos: La construcción y operación del parque han generado más de 1.500 empleos en áreas como jardinería, seguridad y limpieza. Este caso ejemplifica cómo la infraestructura verde puede proporcionar múltiples
beneficios, conocidos como servicios ecosistémicos, que incluyen:
● Regulación climática: Reducción de temperaturas urbanas mediante sombra y evapotranspiración.
● Gestión del agua: Absorción de aguas pluviales y reducción del riesgo de inundaciones.
● Mejora de la calidad del aire: Filtración de contaminantes y producción de oxígeno.
● Fomento de la biodiversidad: Creación de hábitats para diversas especies.
● Beneficios sociales y de salud: Espacios para el ocio, la actividad física y la mejora del bienestar mental.

En este sentido, desde Green Urban Data se aporta un valor para “ayudar a los municipios a identificar, cuantificar y maximizar estos servicios ecosistémicos mediante herramientas basadas en datos. Esto permite a las administraciones tomar decisiones informadas, priorizar inversiones y comunicar de manera efectiva los beneficios de sus proyectos verdes”.


Jardín terapéutico
Una novedad para los vecinos de cualquier ciudad es la integración de jardines terapéuticos en su entorno. Carbonell describe este concepto como “no es solo un
espacio verde agradable, sino una infraestructura de salud diseñada con criterios técnicos y terapéuticos. Debe estar planificado en función de las necesidades de las personas que lo van a utilizar —pacientes, familiares, personal sanitario o personas mayores— y vinculado a los beneficios que la naturaleza puede aportar a su bienestar
físico, mental y social. Desde Green Urban Data consideramos que un jardín terapéutico debe reunir, al menos, estas características:
● Accesibilidad universal: que cualquier persona pueda recorrerlo y disfrutarlo, esté o no en silla de ruedas, tenga o no limitaciones sensoriales.
● Diversidad de usos: con zonas para el ejercicio físico, la relajación, la contemplación y la interacción social.
● Diseño basado en evidencia científica: vegetación adaptada, caminos sensoriales, zonas de sombra, mobiliario ergonómico, cartelería clara, etc.
● Referenciación terapéutica: alineación con tratamientos no farmacológicos para patologías como ansiedad, hipertensión, deterioro cognitivo, obesidad, dolor crónico o incluso rehabilitación oncológica.
● Estimulación sensorial: con especies vegetales, texturas, sonidos y aromas que activen los sentidos y contribuyan a la relajación y al bienestar emocional.
“Estos espacios refuerzan lo que denominamos curación interna, aportando beneficios como la mejora del sistema inmunológico, la reducción del estrés, la prevención del deterioro físico, o la mejora de la socialización y el ánimo. Desde Green Urban Data trabajamos para que estos jardines no sean solo bonitos, sino eficaces, medibles y
planificables como parte de una estrategia de salud urbana real. Lo verde también cura, pero hay que diseñarlo bien y gestionarlo con rigor”, explica Carbonell.


Desde Green Urban Data esperan que la evolución del sector, a nivel valenciano y nacional, esté “marcado por tres factores: más exigencia técnica, más orientación hacia
la salud urbana y más necesidad de justificar las inversiones con datos. A nivel valenciano, vemos un creciente interés institucional en integrar la infraestructura verde como herramienta de adaptación climática, mejora del bienestar y reducción de desigualdades.

Las ayudas públicas —como las de la Fundación Biodiversidad— están impulsando esta transformación, pero muchas ciudades aún necesitan reforzar su
capacidad técnica para llevarla a cabo con eficacia”.
Por su parte, a nivel nacional,”el sector público sigue siendo el motor principal, pero está surgiendo un mayor interés desde el ámbito privado, especialmente en la
promoción inmobiliaria y la regeneración urbana.

Cada vez más proyectos integran zonas verdes desde el diseño como parte de su propuesta de valor, alineándose con certificaciones sostenibles (LEED, BREEAM) y con la demanda creciente de espacios saludables y conectados con la naturaleza. No se trata solo de ajardinar, sino de crear infraestructura verde útil, medible y planificada. Desde Green Urban Data vemos este cambio como una gran oportunidad para aplicar soluciones basadas en datos que permitan a las ciudades y empresas planificar mejor, justificar sus decisiones y generar espacios que realmente aporten valor social, ambiental y económico. Las ciudades que entiendan lo verde no como adorno, sino como infraestructura estratégica, estarán mejor preparadas para los retos del presente y del futuro”, puntualiza Carbonell.


Artículo de Richard Escriche.
InfoSOS, por un mundo sostenible.