
El emblemático conjunto de edificios de Las Naves que alberga hoy el centro de innovación de la ciudad, València Innovation Capital, fue reformado hace un par de décadas para convertirse en la sala de conciertos Heineken Greenspace, pero su actual uso ahora sí que es verdaderamente verde gracias al proyecto Las Naves Brillen. Se trata de una iniciativa que ha reconvertido el edificio en una referencia en la ciudad en materia de transición energética, objetivo marcado en la Misión Climática València 2030. La técnica de Energía Claudia Ferre, describe el cambio como “un proyecto que consta de dos fases, una es la planta fotovoltaica que tenemos instalada en el edificio con 100 kWp (kilovatios pico) y que es una planta socializada. ¿Qué quiere decir socializada? Pues que la financiación provino de fondos propios de la entidad (Estrategia Valencia Innovation Capital) y el resto con participaciones de ciudadanos en alrededor de un 70% de los 100.000 euros totales de presupuesto”.
“La otra parte del proyecto es una mejora en la sostenibilidad del edificio: tanto en consumo energético, con prácticas de eficiencia con todos los usuarios, reducir la generación de residuos, reciclar… Toda la sostenibilidad que se pueda desarrollar y que cuenta con un plan para ello”, añade Claudia.
El edificio no se ha renovado, lo que se ha hecho es “un proyecto de energías renovables con la participación de la ciudadanía. La auditoría sobre todo sirvió para conocer el edificio y las prácticas de uso y permitió comenzar a elaborar el plan de sostenibilidad y buenas prácticas de uso del edificio. En la instalación de las placas fotovoltaicas sí se hizo una auditoría del edificio para conocer la eficiencia, los consumos, los detalles que eran necesarios, pero no ha sido necesario nada más. La producción energética no está conectada a la red porque suponía un incremento al tener que adaptarse a los cambios de la instalación eléctrica y entonces se decidió que como el objetivo del proyecto es concienciar a la ciudadanía sobre el beneficio de las energías renovables y sobre cómo pueden participar en este tipo de iniciativas, no se hizo. Se decidió comenzar el proyecto con la instalación sin verter a la red para poder darle vida a la iniciativa y en los años próximos estudiar la posibilidad y beneficios de conectarlo a la red. Incrementar el coste también hubiera reducido los beneficios financieros de los participantes (68 personas con aportaciones de entre 100 y 2.000 euros)”, explica la ingeniera valenciana.
Financiación socializada
El proyecto, en este primer año de funcionamiento, no solo busca ser sostenible sino que además apuesta por dar beneficios. “Los vecinos han podido formar parte del proyecto con participaciones. Esto fue super rápido ya que en menos de tres meses se llegó al número máximo de participantes que se había calculado. Es un proyecto que gustó mucho a los compañeros, amigos o gente del barrio. El coste total se dividió entre los kilovatios pico instalados así que a cada participación se le asigna un porcentaje. De la generación anual se calcula la energía generada por cada participante y se compensa con los ahorros que ha tenido el edificio”. Los ciudadanos aportan un préstamo que podrán ir recuperando y generando unos intereses a su favor.
Claudia comenta que “un proyecto de estas características se podría replicar, sobre todo en otros edificios municipales. En la actualidad hay una tendencia por los autoconsumos compartidos. Es una iniciativa similar que también genera energía fotovoltaica pero en esta parte sí que se está conectado a la red eléctrica. No es una instalación aislada. En Valencia no hay otros casos como este, sí en otras ciudades pero que forman parte de modelos de inversión privada. No es un reto técnico ni de tecnología, se trata más de adaptar un edificio municipal, en todo caso el trabajo ha sido algo más administrativo y jurídico ”.
La experiencia llevada a cabo en Las Naves Brillen “se está mostrando en eventos, algunos online y dando información al público en general porque estaría muy bien que se pudiera replicar en otros edificios públicos”. El proyecto ha sido llevado a cabo, como decíamos, en el marco de la estrategia València Innovation Capital, bajo la batuta de la Delegación de Innovación y Conocimiento del Ayuntamiento de València, quién es responsable de este modelo de gobernanza de la innovación que tiene como objetivo convertir la capital en una ciudad climáticamente neutra. Prueba de ello es que la ciudad ya forma parte de las 100 ciudades que la Comisión Europea ha seleccionado dentro de la misión «ciudades inteligentes y climáticamente neutrales».
Artículo de Richard Escriche.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




