
Once activistas de Greenpeace se enfrentan a una posible condena de hasta cinco años de cárcel cada uno en un juzgado de Valencia por participar en una protesta pacífica contra el gas fósil en octubre de 2021. Tras bloquear la entrada en el puerto de Sagunto del buque gasero Merchant y después de varias horas de resistencia pacífica, se les capturó y se les abrió un proceso penal. Francisco del Pozo es uno de ellos y ha explicado a InfoSOS cómo su lucha contra el cambio climático motivó su acción.
Esta pena es una de las mayores, si no la mayor, jamás solicitada contra activistas medioambientales en nuestro país y en toda Europa. ¿Qué os llevó a actuar contra aquel buque gasero ese octubre de 2021?
Para poner un poco en contexto, en 2019 se realizó la COP, la Cumbre del Clima en Madrid. El movimiento climático a nivel mundial consiguió forzar a muchos gobiernos, incluido el español, a que firmase la emergencia climática y luego vino el COVID. Desde Greenpeace pensábamos que, uno de los problemas para la descarbonización era que el combustible fósil que crecía más en aquel momento, y todavía sigue creciendo, era el gas. Así que más allá del carbón, que parecía que estaba en declive en España, y el petróleo, que se hallaba estable, era el que más pesaría porque se había establecido la falsa idea de ser natural, menos emisor que el carbón y el petróleo y, además, más limpio. Entonces la idea del combustible de transición estaba bien establecida y seguía vendiéndose como un combustible más limpio. Y desde Greenpeace Internacional y Greenpeace España se hizo algo estratégico a la hora de defender la descarbonización, de defender la acción climática, acorde a la declaración de emergencia climática. Por eso elegimos hacer una protesta simbólica delante de un gasero, para señalar esa dependencia.
Sobre todo que no todos los gases son iguales, pues el gas del Merchant, el buque donde hicimos la acción, venía de Estados Unidos, donde se obtiene mediante la técnica del fracking. Esta es una técnica particularmente destructiva, que encima está prohibida por la ley de clima en España, pero que se usa en España a través de la importación de gas de Estados Unidos. Por lo cual, consideramos que simbólicamente el Merchant respondía a una de las cuatro justificaciones más importantes por las cuales Greenpeace considera el gas un drama mayúsculo.
¿Y cuáles son las repercusiones que dirías que tiene el gas fósil en la sociedad cuya importancia es tal que os llevó a movilizaros y arriesgaros a estas consecuencias?
Esas cuatro justificaciones encima en 2001 no eran tan evidentes, pero ahora estamos viendo en 2026 que la realidad nos ha dado la razón. La primera es la parte climática. El gas natural es metano y un potente gas de efecto invernadero, mucho más que el CO2, de hecho, 84 veces más potente en un ciclo corto de 20 años, y se demuestra que la ventaja climática del metano respecto del carbón y del petróleo, pues no es tal. Es decir, el gas natural tiene un impacto similar al carbón y al petróleo en lo que es la aceleración del cambio climático y eso se ha visto claramente por Naciones Unidas, por la ley del metano… Por otro lado, hemos visto que el gas nos hace claramente vulnerables. Lo hemos visto con la guerra de Ucrania, con el conflicto entre Marruecos y Argelia, lo hemos visto ahora en Ormuz. El gas hace vulnerables nuestra economía, la sobreinflación, estamos dependiendo de actores globales que juegan en un mercado especulativo. El gas nos hace frágiles y hace nuestras economías frágiles, con lo cual, la única energía independiente real es la renovable, la que no depende de importaciones de terceros países y menos de falsas democracias. Entonces, la tercera causa importante, que también hemos visto un poco, es la fuerza del oligopolio. El mercado de gas está controlado por cuatro grandes empresas: Naturgy, con un 30%, y Endesa, Repsol e Iberdrola. Y pese a que algunas de sus compañías tienen planes de decarbonización y planes de verde, si analizas un poco su cartera de acuerdos de compra de gas, te das cuenta de que tienen todas contratos con empresas americanas de gas de fracking que se extienden hasta 2040. Con lo cual, estamos viendo que realmente no tienen ningún interés en abandonar el gas en ninguna circunstancia. Y la cuarta, quizá, que está más ligada a la percepción de la sociedad, es el tema de la especulación del gas, que en el fondo, revierte en el precio del gas de ciudad, el que recibes en tu casa, como indirectamente en el precio de la luz, porque muchas horas al día el gas entra en plantas de gas para generar energía eléctrica. Las bajadas y subidas tan brutales del precio del gas revierten sobre la factura de todos los ciudadanos y comunidades de vecinos, y también sobre el precio de la luz. Así que no usar gas es también una manera de aislar a las familias de los problemas de la inflación galopante que hemos visto por la crisis energética tanto después de Ucrania como ahora, durante la crisis de Ormuz. Tenemos razones climáticas, razones de dependencia exterior, razones de especulación y razones de oligopolio, y las cuatro razones las hemos visto exacerbadas desde que protestamos en 2021 hasta el día de hoy. Entonces, nos parece que la acción que hicimos en 2021 es totalmente pertinente a día de hoy.
¿Y qué alternativas proponéis frente al gas y a todas esas malas consecuencias que provoca?
Bueno, nosotros hemos sacado un modelo energético como Greenpeace, que se llama ‘Energías para Vivir Mejor’, que fomenta una agenda de descarbonización dividida en tres sectores: el sector eléctrico, el sector de la edificación de las viviendas y el sector industrial, y plantea la hoja de ruta que deberíamos seguir para descarbonizar esos usos. O sea, tecnologías disponibles para dejar de consumir gas. Es más, con el desarrollo de las baterías y las renovables del sistema eléctrico ya se está dejando de consumir gas y también muchas familias y comunidades, en lugar de poner una nueva caldera de gas, se ponen aerotermia y bombas de calor y otros sistemas y salen un poco de los precios especulativos. Con lo cual, las tecnologías están disponibles. Le compensa al Estado, con la cantidad de miles de millones de euros que se gasta en gas todos los años, les compensa a los municipios, que usan un montón de gas para mantener sus infraestructuras municipales calientes, les compensa a las familias y a la comunidad de vecinos y le compensa a la industria. Me refiero que ya no solo son los motivos políticos y geopolíticos, sino que sale a cuenta. El modelo energético de Greenpeace dice claramente que sale a cuenta. El modelo de la Agencia Internacional de Energía también dice que sale a cuenta. Porque al final, cuantas menos horas al día entren centrales de ciclo combinado, más barato será el gas para todos. Y entonces, cuanto más barata sea la electricidad, más compensará electrificar otros usos, tanto industriales como viviendas, comunidades de vecinos… Nosotros planteamos el fin del gas en todos los usos para 2040, y eso son 15 años, y con las tecnologías que ahora existen y los costes que tienen ahora.
Han pasado ya cinco años de aquella acción y, tal y como está hoy la situación climática, ¿da hoy más o menos razones para protestar?
Estamos en Valencia y hay informes de la AEMET que demuestran que la DANA se exacerbó con el cambio climático. Estamos viendo que la Organización Mundial de la Meteorología Mundial ha dicho que las condiciones del Superniño que se espera se van a intensificar por el cambio climático. También estamos viendo los superincendios que hemos sufrido este verano, las olas de calor interminables, las anormales temperaturas que tenemos aquí en septiembre. Yo creo que todo el mundo está viviendo en sus carnes que el clima ha cambiado de manera brutal. Se está notando claramente que el cambio climático se está acelerando.
Además, estamos viendo por las diferentes crisis energéticas, el rol tan importante que juegan los combustibles fósiles en la desestabilización de la paz mundial. Son dos razones de peso para la decarbonización: una climática, y una de independencia de la especulación y los juegos de Trump, Putin y compañía. Solo por esas dos razones merece la pena aumentar todavía más los esfuerzos en desconectarnos del gas. Porque además somos el país del sol y el viento.
Nos señalan porque tenemos razón. Nos atacan porque hay muchos intereses creados de las empresas fósiles, incluidos los que fletan barcos como el Merchant. Hay una cierta resistencia para que esto se mantenga hasta que a ellos les interese cambiar de modelo. Pues ahí está Greenpeace y otras organizaciones. Y si nos toca resistir, defendernos frente a sus ataques judiciales, pues aquí estamos también.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




