Fuensanta García Orenes: “Hay que limitar el avance de cultivos con mucha necesidad hídrica en el sudeste”  

El suelo nos proporciona el 95% de los alimentos, contiene más del 50% de la biodiversidad del planeta y es el segundo sumidero de carbono por encima de la vegetación y por detrás de los océanos, convirtiéndose en un aliado para paliar el cambio climático. Sin embargo, no hay Ley que lo proteja en España y Europa está dando los primeros pasos.   

Con estas premisas la catedrática del Departamento de Agroquímica y Medio Ambiente de la UMH, Fuensanta García Orenes, defiende la necesidad de respetarlo, especialmente en los cambios de uso y ante la combinación de falta de agua, periodos de sequía prolongados, pérdida de cubierta vegetal y lluvias torrenciales que provocan su deterioro. 

“Los suelos son recursos no renovables con un periodo de formación de miles de años, pero que se pueden degradar en muy poco tiempo” y “hay un punto de inflexión en el que es prácticamente irrecuperable. Cuando pierde su capacidad para producir biomasa ha llegado al estado de desertificación y es difícil que vuelva a un estado que tenía”, asegura. 

La buena estructura del suelo le permite, además, gestionar mejor su agua al absorberla y mantenerla, pero cuando “la estructura se rompe se generan fisuras y con una lluvia o un riego, el agua escapa o rompe lo que queda de estructura y se lleva el propio suelo”.  

Para la agricultura plantea un modelo sostenible que implica “evitar malas prácticas como un laboreo y fertilización excesiva o tratar de combinar cultivos frente al monocultivo”, manteniendo “las malas hierbas” o combinando “arbolado frutal importante con otro tipo de cobertera que proteja al suelo como cereal o leguminosas porque el rendimiento de la planta es igual o mejor”, explica. La agricultura intensiva, monocultivo y fertilización inorgánica “hacen que el suelo se vaya deteriorando y pierda diversidad”, concluye. 

También defiende que “hay que tratar de limitar el avance de cultivos con mucha necesidad hídrica y el monocultivo en el sudeste español”. Y puede hacerse “sin renunciar a nuestra huerta, pero sí cultivando de otra manera, con alternancia de cultivos y respetando el suelo que nos ofrece una gran cantidad de servicios ecosistémicos que hacen posible la vida. En mi opinión hay que intentar no ampliar las superficies de regadío en zonas semiáridas como la nuestra”. 

García Orenes apunta que la mitad del cultivo de la Comunidad ya es sostenible y muchos agricultores apuestan por este modelo. Otra cuestión que plantea es la necesidad de disponer de mapas de suelos con una escala suficiente para proporcionar datos a nivel local. “Sería lo idóneo para tener información con la que trabajar”, explica, porque la ausencia de información ha llevado en ocasiones a “sellar o enterrar suelos, cementando los que, a lo mejor, eran los más fértiles de la comarca, y poniendo un cultivo en otros que son muy poco productivos”.   

Artículo de Kati Ferrero

InfoSOS, por un mundo sostenible.