Hugo Morán: «Las aguas subterráneas son el gran almacén de ahorro hídrico frente a la sequía»

En el actual escenario de cambio climático, «el gran almacén de ahorro hídrico» frente a la sequía son las aguas subterráneas, cuya «activación» es una de «las grandes apuestas» del Gobierno, ha indicado el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, con motivo del Día Mundial del Agua.

Su férrea defensa del medio ambiente y la transición ecológica desde el Gobierno, ha llevado a Hugo Morán a promover estos años una protección a ultranza del Mar Menor en Murcia, de las Tablas de Daimiel en Castilla-La Mancha y del parque nacional de Doñana en Andalucía, conocido como la joya de la biodiversidad en España.

En una entrevista con EFE, Morán (1963) ha hecho hincapié en que España es un país con un «recorrido muy largo y solvente» en materia de agua y con un conocimiento desarrollado en gestión de las aguas superficiales sustentado en el principio de unidad de cuenca.

Pregunta: Los acuíferos y ríos son una de las grandes fuentes de acceso al agua. ¿Qué medidas están pendientes desde el Gobierno para preservarlos en la lucha contra la sequía?

Respuesta: En un futuro escenario de cambio climático con menores aportaciones y con una reducción de escorrentías y de recursos en aguas superficiales, el gran almacén y el gran banco de agua son las masas de agua subterráneas. Ahí, tenemos mucho espacio que recorrer en términos de conocimiento.

Esa es probablemente una de las grandes apuestas que en estos momentos, el Ministerio intenta activar a través del proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica (Perte) de digitalización del ciclo del agua con programas de seguimiento del estado de las masas de agua subterráneas. Necesitamos en un tiempo lo más corto posible, tener conocimiento homogéneo de lo que significan las aguas superficiales y en iguales términos, lo que significan las aguas subterráneas.

Somos un país hiperregulado con cuencas hiperreguladas, lo que da mucha resiliencia en disponer de agua en periodos de estrés hídrico, aunque tiene también consecuencias negativas debido a las barreras que interrumpen el discurrir del agua, impidiendo la llegada de sedimentos al mar en múltiples casos. En un país turístico como España, esto tiene consecuencias, pues la escasa aportación de sedimentos afecta a la regresión de playas (no se aporta arena a las mismas), y, en este caso, el Delta del Ebro o el del Guadalquivir permiten ver cómo lo que se hace aguas arriba tiene consecuencias aguas abajo.

P: ¿Son optimistas en el Ministerio para la Transición Ecológica con las desaladoras en España como opción para paliar la sequía?

R: La desalación y la reutilización de aguas son opciones que hace no muchos años no estaban presentes en la dieta hidrológica del país. Es verdad que España tiene un largo recorrido, han pasado unos sesenta años desde la primera desaladora construida en España en Canarias. El conocimiento acumulado, el desarrollo tecnológico nos han convertido en un país que construye desaladoras en muchos países: desde Australia a Sudáfrica, pasando por Oriente Medio y los países árabes.

Con ellas hemos hecho un largo recorrido en sostenibilidad y desde el punto de vista económico. Se trata de una tecnología que inicialmente era bastante agresiva y en estos momentos se gestiona ambientalmente sin grandes problemas. No hace mucho tiempo en este país había quien a las desaladoras las denominaba las nucleares del mar. Algunos de los que sostenían esa teoría son quienes hoy piden más desaladoras, pero no pueden ser herramientas que incentiven un crecimiento de la demanda, tienen que servir para que en un escenario de reducción de recursos suplan una minoración.

Las desaladoras son tecnologías que geográficamente tienen solo una posibilidad de ubicación. Uno de sus objetivos es suplir carencias o minoración de recursos especialmente en el litoral y para reducir la demanda de aguas continentales en beneficio de regiones sin acceso a la desalación.

P.- La sequía en España, ¿hay luz al final del túnel?

R.- No podemos estar permanentemente pendientes del cielo; Hay que pensar en un futuro más resiliente que pase por un compromiso colectivo de todos los sectores: administraciones, empresas, ciudadanos (…) para poder avanzar hacia un escenario más sostenible, en el cual los niveles de consumo y contaminación se reduzcan y dibujar un escenario que nos permita de manera razonable, no estar tan al albur de lo que de lo que suceda en meteorología.

No podemos sacar la conclusión de que la desalación y reutilización vayan a permitir incrementar el recurso y, por lo tanto, eso nos lleve a activar una mayor demanda. Las nuevas tecnologías, junto con el ahorro y la eficiencia, servirán para afrontar ese escenario de reducción de aportaciones naturales, que puede oscilar entre el 20-40 por ciento de aquí a final de siglo.

P.- ¿Peligra el abastecimiento en Cataluña de cara al verano?

R.- Es muy difícil saber lo que sucederá en las próximas semanas, no disponemos de una bola mágica. Nadie preveía una sequía tan localizada en unos espacios tan concretos y de una duración tan larga como la que vivimos, sin precedentes en los últimos años. Tenemos que anticipar respuestas para todos los escenarios posibles, para que si llegásemos al peor de los escenarios, saber que hemos adoptado medidas necesarias para poder responder a esa situación.

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