J. A. Gil-Delgado: «Queríamos comprobar la densidad de plásticos que había en las zonas de huerta y salió una burrada»

Juan Antonio Gil-Delgado es un profesor emérito e investigador honorario de la Universidad de Valencia. Su experiencia en el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (ICBIBE) se puede resumir como una lucha por la salud medioambiental y la promoción de las conductas sostenibles de agricultores, vecinos, turistas o cualquiera que se acerque a las sensibles zonas silvestres.

Recientemente se ha publicado un estudio, realizado en una parcela de Sagunto, sobre el nivel de plásticos hallados en los nidos de verdecillos y urracas comunes. Los datos han sido de un 71% en el primer caso y un 96% en el segundo. Desalentador.

«El estudio ha sido sencillamente analizar una serie de muestras de nidos para ver si contenían residuos plásticos. Hoy en día, el plástico está extendido por todas partes y sí que había referencias de otros informes de uso de plásticos por parte de las aves a la hora de hacer los nidos pero decidimos comprobar si en Sagunto, en los marjales, ocurría un poco lo mismo. También queríamos comprobar, por primera vez, los números sobre la densidad de plásticos que había en estas zonas de huertas y salió una burrada. Hemos detectado casi 14.000 piezas por hectáreas mientras que un estudio similar hecho en granjas de Alemania solo llegaba a unas 256 piezas (unas 54 veces menos). Por lo que parece ser que los alemanes son mucho más limpios que nosotros», explica Gil-Delgado.

Indagando en el trabajo de campo también se investigó «si las aves seleccionan los plásticos por la forma que tenían, si había algún tipo de preferencia y al final resultó claro que de entre lo que tienen disponible suelen utilizar los que se parecían un poco a los cordoncillos vegetales que ellos utilizan para los nidos. Sí existe una selección por la forma de plásticos y también por el color, ya que descartan el negro (más dado a acumular el calor), pero eso es algo que ya se había descrito antes», matiza el investigador del ICBIBE.

En la actualidad se están desarrollando nuevos trabajos en este sentido. «En otra especie como el caso del gorrión molinero, el porcentaje de nidos con plásticos es del 100%, es más ‘sucio’ que la urraca. Estamos preparando otro sobre los carboneros (para un Trabajo Final de Máster, TFM), y en este caso es más ‘limpio’ que las otras tres especies. El origen del plástico se estudió desde el vertedero de Sagunto. Te puedo adelantar que miramos si por el viento, u otra causa, se podía dispersar el plástico. Pero resulta que no, no por estar más lejos se encuentra menos plástico que cerca del vertedero. El trabajador del campo, el que siembra el que tala debe dejar trozos de plástico que se queda ahí y se va rompiendo como es el caso de las cuerdas que se utilizan para guiar las ramas de los árboles. Es algo que lo utilizan mucho los pájaros. Aunque parezca que es un buen material para los pájaros ellos deben hacerlos con tallos naturales», indica Gil-Delgado.

Responsabilidad de todos

El veterano investigador universitario destaca que «lo que se queda se deshace, sea una botella de plástico o el protector de un olivo, al final, por ejemplo, se lo va a comer un ciervo. Y lo terminarán defecando. Hicimos un TFM en los alrededores del parque natural de Monfragüe y los excrementos contienen plásticos. En Sagunto y la huerta no hay contenedores para residuos, pero da igual. Lo que te lleves al campo, aunque sea el papel de aluminio, debes llevártelo de vuelta a casa. Es una parte importante de responsabilidad que hay que tener. Todos debemos ser un poco más limpios. Los dueños de los campos también deben tenerlo en cuenta cuando contratan gente y deben pedir un nivel de limpieza que deje el huerto igual que como estaba antes del trabajo».

Gil-Delgado considera que «por ahora no hay ninguna norma concreta que nos obligue a ser limpios. Hay publicidad para que seamos limpios, pero al final la gente solo atiende cuando hay una multa. Pueden ser un incentivo para que la gente no deje basura en el campo, pero el campo va a estar contaminado durante mucho tiempo. Porque ya está ahí, retirar toda la porquería que ya hay será imposible. Todavía se está estudiando lo que pasa cuando el plástico pasa al tubo digestivo de los organismos y ya empiezan a haber datos sobre la contaminación humana por plásticos. Veremos a ver a dónde nos lleva. Cuando en las ciudades costeras se dan casos de intoxicación por mercurio se debe a que ya se llevan años de contaminación previa. Se debe a que la gente lleva años comiendo un pescado que ya estaba contaminado».

Por su experiencia explica que se dan casos de aves que contaminan. «Por ejemplo, las gaviotas cogen plástico de los vertederos y lo acaban expulsando en otras zonas. De eso también tenemos algunos datos. Es un proceso dispersivo del plástico. Todo pasa por la LIMPIEZA en mayúsculas. Tenemos que darnos cuenta que hay que ser más limpios. Llevarnos el plástico a casa porque por mal que lo tengamos, siempre es más fácil deshacerse de esta porquería en el hogar y no abandonarlo en el campo. Hay que entregarlo a los contenedores para que el servicio municipal se encargue de la limpieza final». Los pequeños gestos cuentan. Y mucho.

Lectura recomendada: Estudio del ICBIBE, ¿Seleccionan las aves los desechos plásticos para la construcción de nidos? Un estudio sobre un paisaje agrícola mediterráneo

Artículo de Richard Escriche.

InfoSOS, por un mundo sostenible.