
En el Día Mundial del Agua, recordamos que la desertificación es uno de los principales problemas medioambientales de España. El proyecto ATLAS, con apoyo del MITECO, ha desarrollado mapas de degradación y desertificación que indican degradación en más del 43 % del territorio y un porcentaje de desertificación que afecta al 61% de las zonas áridas. El investigador de la Estación Experimental de Zonas áridas del CSIC, Jaime Martínez Valderrama, es uno de los coordinadores.
En un momento en el que el agua se ha convertido en el oro líquido, el proyecto ATLAS recoge lo imprescindible que es conocer qué lugares están desertificados o cuáles se están desertificando, ¿tiene especial importancia para el futuro inmediato?
En inglés “land degradation” muchas veces se traduce mal, como la “degradación del suelo”, pero no es el suelo, es la degradación del “land”, que es el territorio. Nosotros hemos hecho un mapa novedoso, en el sentido de que hemos querido reflejar explícitamente la degradación de otros recursos, además del suelo, y en nuestro caso lo ha reflejado la degradación de las aguas subterráneas. Reivindicamos mucho en este trabajo de “land”, que aparte de que es un mapa pionero en desertificación, la desertificación es también la degradación de los recursos hídricos. Eso ha hecho que salgan unas cifras altísimas que han llamado la atención, porque sale que la desertificación de España es el 41% del territorio, y eso es porque hay desertificados suelos, pero también hay degradados recursos hídricos, lo que viene a duplicar la cifra que se tenía anteriormente del 20%. La desertificación en la Comunidad es del 67% y del 79% en Alicante. No es únicamente el suelo, es agua, biodiversidad, vegetación y más cosas.
¿En la Comunidad Valenciana y España en general, podemos considerar que tenemos muchas zonas desertificadas, por tanto?
Tenemos los datos para todas las comunidades autónomas y todas las provincias, y cuanto más te vas al sureste de la península, el porcentaje sube. Tienes provincias como Almería o Alicante, con una desertificación de casi el 90%, o sea el 90% del territorio está degradado, porque o bien está degradado el suelo o bien lo están sus recursos hídricos. Son cifras muy altas, y eso es una amenaza directa a nuestra seguridad hídrica y a nuestra seguridad alimentaria; o sea, tener los recursos hídricos tiritando te hace ser mucho más dependiente, te obliga a construir desaladoras. Esas desaladoras funcionan con energía, y ahora estamos viendo que de repente la energía ya no llega tan fácilmente, o es mucho más cara. Has agotado un recurso que tenías en el subsuelo. Es un problema muy grave, porque tenías acuíferos que ya no tienes, que se han agotado o degradado, o se han contaminado bien por la propia actividad agrícola, que contiene muchos nitratos y otras sustancias. Se realizan vertidos descontrolados, tienes agua, pero de muy mala calidad, que no puedes consumir.
Y en este contexto, ¿en qué posición quedan los demandados trasvases en esta tierra?
Los trasvases son una medida más del modelo de oferta en el que estamos en España, en el sentido de que nunca han sido suficientes los recursos hídricos de que disponemos. España es de los países con más embalses o agua embalsada por habitante en el mundo, el tercero o cuarto en el ranking, pero eso no ha sido suficiente, hemos hecho trasvases, luego hemos soltado las subterráneas, que tampoco han sido suficientes, ahora utilizamos desaladoras. El problema es que los trasvases no son fiables, porque las cuencas excedentarias no son tan excedentarias. De hecho, el Tajo-Segura, el más importante, nunca en su vida útil ha trasvasado el agua para el que se diseñó, y con el cambio climático en marcha esto es cada vez más claro. Ese es el primer problema, y el segundo problema es que esas cuencas excedentarias o esas comunidades excedentarias dicen: “para llevarnos el agua a otro sitio a producir, ya produzco yo aquí”, con lo cual el trasvase, que se suponía que iba a arreglar una diferencia regional, lo que crea es un conflicto regional. Los trasvases pueden funcionar en algunas situaciones. Si se está pensando trasvasar agua para suplir la demanda urbana, tiene cierto sentido, pero si se está trasvasando agua para grandes negocios agrícolas, no lo tiene. El Tajo-Segura es básicamente una fuente de disputas, más que una fuente de agua.
Ha hablado usted de la inseguridad hídrica, que repercute también en una inseguridad alimentaria. ¿De qué forma contar con unos suelos biológicamente sanos repercute en la alimentación?
Para la agricultura hay dos ingredientes fundamentales: un suelo fértil, con nutrientes, y el agua. Si alguna de las dos empieza a fallar, se recurre a insumos que lo sustituyan, aunque no es realmente lo mismo que la naturaleza el usar fertilizantes, trasvases, desaladoras… Y eso, lo que va haciendo es encarecer la actividad agraria y, como digo, desde el principio te crea mucha más dependencia, puede ser que no los tengas, puede que, otra cosa que está ahora muy de moda, si te cierran en el estrecho de Ormuz y te falta el gas, no haya fertilizante. Es lo que te pone en jaque la seguridad alimentaria y la seguridad hídrica. No puedes regar, y gran parte de la agricultura española, cada vez más, es de regadío, porque curiosamente el cambio climático, en vez de rehacer la agricultura que tenemos, está empujando a poner más tierras de secano en regadío. En muchas zonas estamos ya comprobando que hay más derechos de uso de riego que agua disponible, con lo cual, eso va generando tensiones y disputas.
Y luego, a veces regamos para cosas que son absurdas, y lo hemos visto en este trabajo que hemos publicado. En ocasiones se produce en tanta cantidad, por esta competencia que genera la economía de mercado, que se tira a la basura. Hay tanto producto que baja de precio, que no vale la pena recoger la cosecha. Existe un registro de cuánto se tira cada año, recogido en el Código Español de Garantía Agraria, para ver cuántos miles de toneladas de fruta y hortalizas de regadío se tiran a la basura. Han sido regadas con agua muy escasa, que no tenemos, y que no tienen mercado porque son precios muy bajos. Se dan episodios bestiales, como en marzo de 2024, cuando en Alicante se tiró el 30% de la cosecha de limón, que fueron unas 300.000 toneladas. Nosotros hicimos los cálculos y era equivalente al 40% del trasvase de agua de Tajo Segura, de riego para regar. Estamos trasvasando agua, ¿para qué exactamente? Para regar cosas que no tienen mercado o que tiramos a la basura. Entonces, estos ajustes son necesarios, no podemos estar con estas contradicciones en un contexto, no solo de mayor aridez y de sequía, sino de escasez hídrica. La escasez hídrica ya incluye el factor humano. No es que no llueva, es que aparte de que no llueve, utilizamos el agua para cosas que no tienen mucho sentido.
Se habla mucho del cultivo del aguacate, que consume mucha agua, aunque esté muy de moda…
El aguacate aquí, el mango en Almería… Se dan temperaturas altas, inviernos suaves, no hay heladas, entonces, si el agua se consigue por desaladoras o aguas subterráneas, de repente surge en un lugar totalmente inesperado un cultivo tropical que, a la larga, el único destino que tiene es que se seque. Eso ya está pasando también en la Axarquía, en la costa tropical de Granada, donde lo que hacen los agricultores, una vez instalados en ese modelo de cultivo, que es rentable, es reclamar que se hagan trasvases… pero claro, generar todas esas infraestructuras para regar una cosa que está fuera de lugar completamente, no tiene mucho sentido, porque al final se pagan con dinero público. Lo que se propone muchas veces es que con dinero público se sufrague una actividad privada.
En el momento geopolítico en que nos encontramos, el agua potable ha pasado a ser un arma de guerra. Se está viendo con Irán, con las desaladoras que se han bombardeado. ¿Esto es un nuevo giro de guion?
Los conflictos hídricos en el mundo están desde hace muchos años en la palestra, pero no cubren los titulares. De hecho, gran parte de los conflictos tienen detrás la lucha por los recursos hídricos. Uno de los más relevantes es entre dos potencias nucleares, el que hay entre Irán y Pakistán. El enfrentamiento viene fundamentalmente dado por quien se hace con el agua que tiene el Himalaya para regar. Buena parte del conflicto de Israel con Palestina tiene que ver con quién controla los altos del Golán, que es el río Golán, para regar. Y ahora, efectivamente, muchos países del Golfo Arábigo Pérsico, que tienen poblaciones muy por encima de lo que uno podría esperar para las condiciones áridas que hay en esos lugares, viven de desalar agua y, por lo tanto, atacar esas estructuras, les hace mucho daño y son muy vulnerables esas poblaciones. Por eso es importante la lucha contra estos problemas ambientales; no es una cuestión meramente estética, es una cuestión de seguridad hídrica, ambiental. Aquí en España parece que estamos muy lejos de eso, pero es una vulnerabilidad. Por más que lo olvidemos, porque somos sociedades muy sofisticadas, finalmente dependemos de beber agua todos los días.
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