
Hilaturas Miel ha desarrollado, con el apoyo del IVACE, una nueva gama de hilados de poliéster bioactivos para el sector agroalimentario y cárnico que se biodegradan de manera controlada una vez el producto deja de utilizarse. El objetivo, según Jorge Pascual, responsable de la empresa, es reducir el impacto ambiental de determinados productos textiles de un solo uso, como las mallas para frutas y verduras o las fundas textiles para jamón serrano.
Estos productos se fabrican habitualmente con poliéster y polipropileno, materiales que al final de la vida útil se degradan muy lentamente generando residuos persistentes y aumentando su impacto ambiental. ¿Cómo ha sido el desarrollo de la reciente gama de hilados bioactivos para los sectores agroalimentario y cárnico?
Estamos todos luchando contra el cambio climático, todos queremos ser más “eco”, más reciclables, porque el reciclado empezó llamándose así, pero tiene sus limitaciones, como estamos viendo. No es tan sencillo reciclarlo todo. Aunque queramos, hay tanto que no sabemos qué hacer con lo que podamos sacar. Entonces, a fin de cuentas hay un movimiento en el mercado de intentar buscarle otra salida, y una de tantas es la biodegradabilidad.
El poliéster es un material complicado, porque si tú dejas en el campo abandonado un poliéster normal, dicen que tarda más de 500 años en degradarse. Eso quiere decir que no se va a deshacer nunca, básicamente. Entonces, hay mucha gente trabajando estos últimos años con la biodegradabilidad para acortar esos procesos, y se ha conseguido a través de un sistema que ya está bastante estable en el mercado, que es una empresa privada que tiene unos aditivos que le añaden a la materia, en este caso poliéster, y al cabo de, dicen, tres a cinco años, empieza a actuar ese componente y degrada la cadena de poliéster, la cadena química, que es como un plástico, una pared lisa que no tiene poros.
En nuestro caso, nuestro proyecto fue dar un pasito más allá, y añadirle un componente al material, en el que podamos mandar nosotros. ¿Qué quiere decir eso? Pues que en unas condiciones de temperatura y de oxígeno, empiece a actuar inmediatamente. O sea, lo que hay en el mercado lo puedes comprar ya, se degrada en tres a cinco años y al final se supone que desaparece. Nosotros, encapsulando unos productos, podemos hacer que se active en un momento dado y poner en marcha ese proceso de descomposición. Esa es la idea inicial del proyecto, eso es lo que se presentó. No nos da tiempo a más porque la bondad de este estudio que hemos hecho y de estas muestras que hemos conseguido, es que si mezclamos las dos opciones, la que ya hay en el mercado más la que hemos investigado nosotros, conseguimos un poliéster que es biodegradable y que encima decidimos cuándo se va a biodegradar, con lo cual, le damos una vuelta más de tuerca a la velocidad en la que va a desaparecer este poliéster. No hay trampa ni cartón.
Hilaturas Miel cuenta con placas solares y una caldera de biomasa, ¿qué porcentaje del consumo energético total de la fábrica cubren hoy con estas medidas ecológicas?
Tenemos una caldera ya desde hace unos cuantos años que consume material de poda, de restos… y de ahí sacamos nuestro calor, el vapor que necesitamos para el proceso, y la verdad es que estamos muy contentos. Ahí ahorramos, básicamente, y más teniendo en cuenta los precios del gasoil hoy en día o del gas, que incluso está peor. En cuanto a las placas, tenemos 30.000 metros de superficie aquí construida y están los 30.000 cubiertos con placas solares y ahora también tenemos aprobadas unas plantas de agrovoltaica. La industria textil nuestra es muy intensiva en cuanto a energía, con lo cual algo ahorramos, pero teniendo en cuenta que trabajamos por la noche también, sí que se nota algo, aunque no es una barbaridad. Lo que intentamos hacer, igual que con la caldera de biomasa y con las placas y con los terrenos que tenemos libres, es poner la agrovoltaica, optimizar nuestros recursos en algo que pensamos que sí que es beneficioso.
Y en proyectos como EcoDentex, que buscan productos de bajo impacto ambiental con biotecnología, ¿cómo logran ese reto en sus instalaciones sin recurrir a otras empresas de acabados secundarios?
Muchos de los proyectos en los que hemos participado a lo largo de estos últimos años se basan en optimizar las instalaciones que se nos han dado. Hilaturas Miel es una empresa de segunda generación, compuesta por dos familias, y nos ha tocado heredar un complejo industrial muy importante para los días que corren. Hay que echarle imaginación y ver qué se puede hacer. Hemos sido siempre una planta en la que tenemos todo integrado bajo un mismo techo. Entra aquí la fibra, tanto en crudo como en color y sale el hilo acabado, ya sea simple, sencillo, a dos cabos, a tres cabos, varios colores…, etc. Quiero decir que tenemos mucha maquinaria para hacer muchos procesos y la gracia está en intentar darle otra aplicación o, aprovechando que se le aplica agua o se le hace un proceso al hilo en un determinado momento, intentar añadirle algún tipo de propiedad que pueda mejorar sus características. En esto, obviamente, contamos con la ayuda de la Universidad Politécnica de Valencia, con la ayuda de AITEX, con la ayuda de otras empresas que están volcadas en la investigación también, obviamente, en el textil. Gracias a ellos y a nuestra imaginación y posibilidades de las máquinas, hay una máquina en la que el hilo entra, se devana, entra en una cámara que está a vapor a 100 grados y aprovechando esa temperatura podemos termofijar en la superficie microcápsulas de productos que queramos y, a la salida, ya el hilo está listo para tejer o hasta donde sea.
¿Y qué impacto ha tenido la reciente investigación de hilados como un factor de protección solar para el sector textil outdoor, ropa de exterior?
Es un momento en que está todo difícil, no solamente para el textil sino para todos, pero en concreto en el textil, porque España y Europa están pasando por un momento complicado, en el sentido de que, por ejemplo, el género de punto en suéteres se fabrica muy poco aquí. La fabricación, como bien sabe todo el mundo, se hace en Asia. Entonces, hemos tenido que diversificar en diferentes sectores y ahí estamos apostando fuerte y están funcionando.
Ahora mismo, con toda esta incertidumbre y con el sector un poco de caída todavía libre, sin saber dónde va a parar, es más como agitar el árbol para ver qué sale. O sea, no paramos cada año de innovar en materias. Como dices, en el outdoor tenemos un material diferencial respecto a lo que hay por ahí y tiene todavía mucho que andar, pero el mercado está tan complicado que no se nota porque la gente está en un modo de supervivencia. Sí que estoy seguro de que en algún momento esto se va a estabilizar y aquí va a quedar gente que haga productos de calidad, que podamos confiar sobre todo en lo que estamos comprando. No como ahora, que compramos ropa, telas que vienen de Asia todavía con calidad, pero sin estar aún demasiado controladas en todos sus procesos. Aquí sí podemos hacer productos que están obviamente legislados, controlados, certificados, y encima punteros.
Ustedes lo que tratan también es reducir el impacto ambiental de determinados productos textiles de un solo uso también, como las mallas para frutas y verduras, las fundas textiles utilizadas para jamón serrano, para carnes frías…
Es que una cosa es el mercado de productos masivos que consumimos todos y repetidamente, pero luego hay otros mercados que a veces hasta que no te lo dicen no caes. Son estos precisamente que acabas de nombrar; o sea, las mallas, por ejemplo, de las cebollas, de las patatas, del jamón… Hay ciertos mercados en que tú compras un producto que viene en un determinado envase y ese envase se va directamente a la basura. Es una pena que haya productos como el jamón, que se embolsa en ese tipo de cuerdas, que se use una vez y luego se tire. Ese tipo de residuo se podría tirar perfectamente con los residuos orgánicos y en una planta de residuos sólidos urbanos depositarlo y, directamente, gracias a lo que nosotros estamos proponiendo añadir, nada más entrar se activaría automáticamente la biodegradación del producto, con lo cual tienes una cierta seguridad de que ese producto se va no a reciclar, pero sí a biodegradar y convertirse en compost o en lo que sea: darle un segundo uso.
Precisamente iba a preguntar cómo aplican la economía circular en sus procesos, sobre todo lo que tiene que ver en la investigación del uso de residuos agrícolas.
Como digo, incluso en el tema de la caldera hemos hecho investigaciones por gente particular de productos para esos residuos de poda, residuos de huesos de aceitunas, de hojas de olivo y al final intentas darle una salida alternativa. Antes lo tirábamos y nadie se paraba a pensar, pero sí que estamos viendo que la gente le da una vuelta de tuerca en la cabeza para ver si le pueden dar un uso a los productos en el siguiente proceso. Nosotros hacemos mucha lana, que es un material natural por sí mismo biodegradable, influenciado porque la gente lo demanda. Todas las fibras sintéticas tipo acrílico, poliéster, poliamida, nylon… nos vienen muy bien sus propiedades en ciertas circunstancias como la ropa de deporte. Entonces, hay que darle una salida a tanto sintético y creo que estamos poniendo un pequeño granito de arena en la construcción de salidas alternativas que, aunque sea sintético, no tiene por qué estar mal mirado, o sea se puede aprovechar su propiedad.
Hilaturas Miel ha sobrevivido desde mantas y alfombras, después hicieron también mascarillas en la pandemia… Al final es reinventarse, ¿no?
Nuestros padres empezaron haciendo hilo para tela, básicamente, tanto trama como urdimbre. Luego vino el poliéster, los materiales sintéticos, nos metimos en el mundo de la alfombra, vinieron los sintéticos como las poliamidas y compañía y también nos desplazaron. Nos pusimos en la manta Raschel, tan famosa de aquí de la zona de Ontenient, de Bocairent, vino el poliéster y también nos desplazó, nos pusimos en el sector de punto para fabricación de prendas, etcétera, y el mercado empezó a producir en Asia, con lo cual aquí ya no quedan prácticamente talleres. En fin, nos hemos tenido que reinventar con la maquinaria que hemos estado renovando año a año, tenemos una planta puntera en maquinaria y hay que ir dándole vueltas de tuerca cada día.
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