José Juan Reus (D.O. Vinos de Alicante): “El cambio climático adelanta la cosecha y trae nuevas plagas”

Una de las principales consecuencias del cambio climático en la provincia de Alicante es el progresivo adelantamiento de la vendimia. “La Marina Alta se ha adelantado casi una quincena con respecto al calendario normal y hay otras blancas en el Vinalopó que se adelantaron a finales de julio (en la última campaña). Es un hecho que se extiende más cada año”, dice en una entrevista con InfoSOS el presidente del Consejo Regulador DOP Alicante, José Juan Reus, presidente de Bodegas Xaló. Esto obliga a “estudiar bien el calendario de maduración, adaptar los controles, variedades, etcétera, para buscar un perfil de uva acorde al perfil de vinos que se quiere ofrecer en estos momentos”, añade.

Los cambios, según Reus, “se han agudizado en las últimas cinco campañas”. A los periodos de largas sequías, se han sumado “fases bruscas de cambios de temperatura, menos contraste climático en verano entre noche y día, adelantamiento de las vendimias, aparición de nuevas plagas, bien de insectos o bien las gravísimas plagas de conejos o jabalíes a los que la sequía condena a buscar alimento entre la viña”, resume. 

El agravamiento de la sequía “es especialmente duro en la Marina Alta, en donde no ha habido regadío de forma histórica, pues siempre ha llovido y ha habido brisas que mantenían la humedad en suelos más arcillosos. En la última campaña, todo ha provocado un cambio radical”, afirma.

La provincia de Alicante tiene 10.628 hectáreas que producen uva para vinos con Denominación de Origen Protegida Alicante. La mayoría se concentran en Pinoso (23,31%), Villena (21,35%) o Monóvar (11,71%), pero hay cultivos en medio centenar de municipios. En la campaña 2022-2023 se recogieron 26,5 millones de kilogramos que se transformaron en 196.433 hectolitros producidos por las 43 bodegas certificadas.

Por variedades de uva, la más cultivada es la Monastrell con el 60% y 6.381 hectáreas. Le siguen la Garnacha Tintorera (7% con 747 ha), Moscatel de Alejandría (6,3%), Tempranillo (5,6%) o Cabernet Sauvignon (4,3%) entre una veintena de variedades, según los datos del Consejo.

Como las bodegas de la DO son pequeñas y artesanas “ahora mismo la clave está en observar el viñedo e ir adaptando la recogida, el momento de la vendimia, y ya pasar al trabajo de bodega más respetuoso posible”, dice el presidente que aboga por atacar las plagas de manera sostenible. “Hay mucha la superficie que ha pasado a estar certificada en ecológico y a tener buenas prácticas”, afirma. 

Otro problema es el abandono de cultivos debido a la merma de calidad y cantidad, y en consecuencia de la rentabilidad. “Es uno de los mayores problemas y de más difícil solución. La rentabilidad de mucha viña está en entredicho ahora mismo. Y eso es otro de los cambios que vemos se va a producir en paralelo al de la climatología y que forman un conjunto de necesidad de readaptación del sector”, admite Reus.

Sin embargo, junto al abandono del campo tras las jubilaciones, aparecen cada año nuevas bodegas. “Son pequeñas, pero quieren estar vinculadas a un viñedo y buscan la mayor calidad y personalidad. Por lo tanto, quien tiene una buena viña ahora mismo ha de saber que tiene futuro”, destaca este bodeguero.

Artículo de Kati Ferrero.

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