
La Federación de Industrias del Calzado Español (FICE) que integran 400 empresas, de las que un 43% está en la Comunidad Valenciana, tiene a la sostenibilidad como un pilar fundamental de su crecimiento.
“Esta industria está firmemente comprometida con la sostenibilidad, siendo muy consciente de la importancia que tiene la optimización de los recursos y la promoción de prácticas responsables entre sus empresas, como factores clave para garantizar su competitividad y desarrollo en el largo plazo”, asegura Julia Villaplana García, responsable de Proyectos Europeos y Sostenibilidad de FICE
en una entrevista con InfoSOS.
“Desde el calzado de España estamos preparados para liderar la transformación necesaria hacia un modelo más sostenible, sustentado en la innovación, y adaptarnos a la nueva normativa europea”, subraya.
Como grandes retos destaca tres: aunar la sostenibilidad y rentabilidad sin comprometer calidad, disminuir la huella de carbono y “el tsunami normativo en materia medioambiental, que supone todo un reto para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas, ya que deben adaptarse a la
nueva normativa con los recursos que disponen”, explica.
Las empresas ya están trabajando “en minimizar los impactos ambientales a lo largo de toda la cadena de valor, desde la elección de materiales hasta la producción”, explica Villaplana. “Se está incorporando el uso de materiales más sostenibles y se potencia la reutilización y valorización de los residuos
generados”, añade.
En esta línea, la industria ha creado Gerescal, el primer sistema colectivo de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP) del sector en España, un proyecto pionero con sede en Elche y funciones similares a las del vidrio Ecoembes.
“Desde Gerescal se recogen, almacenan, clasifican y revalorizan los residuos de calzado, asegurando que ningún zapato termine en el vertedero”, dice Villaplana. Su objetivo es cumplir con las obligaciones legales de las marcas en la gestión del residuo del calzado cuando los zapatos que ponen en el mercado
llegan al final de su vida útil.
En eficiencia energética están instalando placas solares reducir la huella de carbono, o trabajan en la adopción del pasaporte digital “que permite el seguimiento de la trazabilidad del producto, conociendo el origen de sus materiales, procesos de fabricación y estándares de sostenibilidad”, explica.
En cuanto a la producción se invierte en I+D+i para automatizar procesos, reducir el desperdicio y ganar eficiencia. Y se investiga sobre “nuevos materiales que sean más sostenibles como los elaborados con cueros vegetales, cauchos naturales o fibras recicladas, entre otros”, añade.
También se trabaja el ecodiseño para “fomentar el retorno del calzado al ciclo de vida una vez que se convierte en residuo”, apunta. Y FICE participa en el proyecto europeo Remain para “dar una segunda vida a los productos manufacturados, especialmente en el calzado”, explica.
Los cambios van en línea con la demanda. “Sin duda, el interés por el calzado sostenible es claro entre los consumidores, aunque la disposición a pagar más depende de diversos factores y del segmento de producto en el que nos movamos”, puntualiza esta experta.
Artículo de Kati Ferrero.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




