Julio Barea (Greenpeace): «Es una auténtica locura, apenas servirá para paliar el 2% del consumo diario de Barcelona»

El transporte de agua desalada en barco a Barcelona, como planea el Gobierno para afrontar la sequía, apenas servirá para paliar el 2% del consumo diario de los habitantes del área metropolitana, porque el puerto no está preparado para recibir a muchos más barcos y estarán limitados, según los ecologistas.

«Es una auténtica locura», ha asegurado hoy el responsable de la campaña de Aguas de Greenpeace, el geólogo Julio Barea, especialista en Hidrogeología.

Apenas el 2 % ciento del consumo diario quedará garantizado con los recursos que prevé enviar allí el Gobierno procedentes de desalinizadoras de Valencia; «y eso en el mejor de los casos», ha añadido el experto.

En dichas estimaciones están incluidas las restricciones de 200 litros de agua por habitante y día por la declaración de emergencia en Barcelona, ha explicado.

Además de ser una medida completamente insuficiente la de transportar agua en barco, será asimismo muy cara, por el coste no solo de la producción del recurso desalado, que es «muy alto» sino también por larga distancia marítima que habrán de recorrer los barcos, según el ecologista.

Barea ha denunciado que la Generalitat «no ha hecho nada para evitar» la situación de sequía más allá de esperar a que lloviera y finalmente no lo ha hecho.

Los embalses en las cuencas internas de Cataluña apenas registran el 16% de su capacidad, pero la situación real es incluso peor, dado que a partir del 10% «un embalse está muerto» sin posibilidad de sacar de allí más agua.

La solución sería «prever, ahorrar e intentar ajustar el agua disponible», reduciendo extensiones de regadío y cerrando pozos ilegales.

Ni los trasvases ni el agua desalada son la gran solución al problema de la sequía, ha dicho.

Las desaladoras también tienen mucho impacto ambiental, no solo por el efecto de la construcción de la fábrica en un sitio costero, sino porque el agua utilizada repercute sobre la biodiversidad.

Además es «brutal» el consumo energético para desalar, que no siempre se hace con fuentes renovables, a lo que se añaden los vertidos de salmuera que son muy contaminantes. 

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