
Más de 200 estudiantes del grado en Maestro de Educación Infantil de la Universidad de Alicante, junto a medio centenar de personas voluntarias, realizaron hace unos días la quinta limpieza y recogida de residuos anual en la playa alicantina de San Gabriel. Lo hacen dentro del proyecto de grado “Cuidamos nuestra playa: educación para la sostenibilidad y compromiso ciudadano desde la infancia”, que fomenta los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. La iniciativa fue secundada, entre otros, por los alumnos del colegio El Palmeral, como uno de los diversos proyectos medioambientales que han sumado a su currículum. María Heras es la profesora que se encarga de coordinarlos.
En este proyecto en concreto, iniciativa de la plataforma Ocean Initiatives de la Fundación Sufrider Europe, participaron 204 estudiantes del grado, junto a 30 personas de familias del barrio y los centros educativos San Gabriel y El Palmeral y 15 personas voluntarias. En total, recogieron 225 kilogramos de residuos los recogidos por la expedición. Entre ellos, se contabilizaron 491 colillas, 379 botellas de plástico de más de 50 cl., 204 botellas menores de 50 cl., 152 totalitarias, 123 botellas de vidrio, 118 tapones de botellas, 56 envases de plástico y 69 bolsas de plástico.
El objetivo es promover la sostenibilidad ambiental y la conciencia ecológica comunitaria; por eso, la participación de los colegios, como el CEIP El Palmeral, y su involucración en proyectos de este tipo es clave. La idea es fortalecer la cohesión social y la educación ciudadana compartida entre universidad, vecindario y escuela. “Dentro del currículum más dedicado al aprendizaje vivencia, tenemos una dinámica que se llama Libre circulación. Y dentro de Libre circulación, nosotros ofrecemos actividades y talleres de enriquecimiento, como es la recogida de residuos en la playa”, explica Heras.
Esta es una actividad que realizan los viernes de doce y media a una y media, por cuatrimestres, y cada cuatrimestre participa una veintena de alumnos. “Son seis sesiones, empezamos con una sensibilización, un aprendizaje vivencia en la playa, y luego realizan un producto final que presentan a las familias, y entonces describen qué ha pasado, cómo han sentido la actividad, cómo han conectado emocionalmente, y el impacto real con el entorno”.
Con esta actividad ya llevan dos años. “Pero ahora necesitamos evolucionar, y por ello hemos contactado con Coast Watch”, anuncia. Se trata de un programa europeo de vigilancia del litoral en el cual participan casi todos los países europeos que tienen mar y donde grupos de voluntarios toman datos sobre su estado, y colabora en la educación ambiental tanto dentro como fuera de los centros. “Se dedican a este tipo de actividad que nosotros hacemos en la costa, con una actividad bastante más pequeñita y más humilde, pero que tiene su importancia, porque los alumnos se comprometen durante todas las sesiones porque tiene un producto final”.
Relata Heras que la idea del taller de recogida de basuras surgió en contacto con otros contextos educativos; “en un principio nadie creía en ella y es una actividad de gran éxito ahora mismo”. Se arranca con una primera fase de sensibilización donde tienen cabida materiales, vídeos “y sobre todo el diálogo con el alumnado para que entienda el problema y se implique desde el inicio”. De esa primera sesión se pasa a una parte más vivencial, acudiendo directamente a la playa. “La actividad está muy cuidada, vamos con niños de 6 a 12 años, equipados con guantes, y utilizamos pinzas siempre para garantizar su seguridad. Además, para motivarlos diferenciamos entre residuos. Entre los residuos para eliminar les llaman muchísimo la atención las toallitas. La otra parte son ‘los tesoritos’. Llamamos así a pequeños objetos que despiertan mucho su curiosidad y que después utilizamos para elaborar el producto final. Por ejemplo, hemos recogido mecheros, palillos, auriculares… y les digo: esta es la razón de nuestro existir”.
Se busca aprender sobre el medioambiente y que los niños desde muy pequeños tomen conciencia, se responsabilicen y adquieran sentido crítico. Por eso, señala María Heras, es tan importante el aprendizaje servicio. “Encontramos un cangrejo en la playa que se había liado con un sedal y había muerto. A ellos les impresionó muchísimo y desde entonces tenemos el cangrejo como un recurso didáctico y en las sesiones lo enseñamos a los padres, lo utilizamos para reflexionar sobre las consecuencias reales de los residuos en el ecosistema”. Tras las sesiones en la playa, en la última se elabora un panel con todos los ‘tesoritos’ recogidos y los niños lo comparten con las familias. “El aprendizaje servicio se caracteriza porque tiene un impacto real y entonces los niños ven que ellos contribuyen a mejorar el entorno en el que viven”.
Ahora el colegio está empezando a trabajar los microplásticos. “Hay un mayor nivel de observación y de sensibilidad, que no se queden solo en las toallitas, que les impacta muchísimo. Vamos a hacer otras sesiones con los pequeñitos, como los sedales, los plásticos… También nos ayudan los padres, y ahora la idea es colaborar con Coast Watch o alguna asociación o centro, como uno que en Denia se dedica a hacer bancos y mobiliario escolar a partir de tapones y plástico que recogen en la playa. Quiero que la actividad no se quede como un taller de enriquecimiento y ya está, sino que tengan nuevas motivaciones”.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




