
La Universitat Jaume I (UJI) ha planteado un enfoque innovador para convertir biomasa en productos químicos de alto valor y favorecer el desarrollo de procesos más ecológicos en la industria química. Se trata de evitar la contaminación y el deterioro de los ecosistemas que provoca el uso masivo de plásticos no biodegradables, fabricados a partir de polímeros derivados del petróleo.
La alternativa innovadora y sostenible es el PEF -polietileno furanoato-, un poliéster renovable obtenido a partir de biomasa vegetal. El doctor Mattia Annatelli, máster en Química y Tecnologías Sostenibles por la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, se ha incorporado a la UJI para abrir esas vías sostenibles en la producción química. El proyecto ha sido subvencionado por la Unión Europea con una beca posdoctoral Marie Curie de Horizon.
La idea es conseguir una química más limpia y accesible para la sociedad. ¿En qué se basa el proyecto?
Se trata de imitar la capacidad de la naturaleza para producir compuestos químicos en sus propias fábricas, las células. En estos sistemas naturales se llevan a cabo transformaciones químicas complejas de manera eficiente, sin necesidad de etapas de separación o purificación, y bajo condiciones suaves y respetuosas con el entorno.
¿De qué manera este proyecto puede favorecer el desarrollo de procesos más ecológicos en la industria química?
El proyecto SynCell propone una nueva forma de producir una molécula clave para el desarrollo de plásticos sostenibles, el ácido 2,5-furandicarboxílico (FDCA), utilizando azúcares y biomasa vegetal en lugar de petróleo como materia prima. Esto conlleva varias ventajas ambientales: usar materias primas renovables en lugar de recurrir a recursos fósiles, además, el proceso emplea azúcares y polisacáridos derivados de biomasa, es decir, fuentes renovables y potencialmente procedentes de residuos agrícolas. En segundo lugar, todas las reacciones tienen lugar en un mismo sistema sin necesidad de aislar ni purificar productos intermedios, lo que se traduce en menor uso de disolventes, menor consumo de energía y menor generación de residuos químicos. Y por último, el proyecto evita la formación de compuestos intermedios que tienden a degradarse y generar subproductos no deseados. Al reducir estos pasos, disminuyen los desperdicios.
En resumen, se busca reducir el consumo energético, las emisiones y la cantidad de residuos generados por cada kilogramo de producto obtenido.
¿Cómo abre este enfoque el camino hacia tecnologías más sostenibles?
SynCell no se limita a mejorar un único proceso, sino que propone un nuevo modelo inspirado en las células vivas, donde varias reacciones ocurren de forma coordinada y eficiente en un mismo entorno. Integra química y biotecnología al combinar catalizadores químicos y enzimas en un solo sistema, de manera que abre la puerta a tecnologías híbridas más sostenibles.
Además, impulsa el desarrollo de plásticos de origen biológico como alternativa a los derivados del petróleo, valoriza biomasa y residuos agrícolas dentro de un enfoque de economía circular, y apuesta por soluciones estables y reutilizables con potencial aplicación a escala industrial. En este sentido, el proyecto puede convertirse en un modelo para futuras tecnologías químicas más integradas, limpias y basadas en recursos renovables.
¿Qué aplicaciones prácticas tendrá Syncell para la industria?
Se da prioridad al uso de recursos renovables frente a los petroquímicos. Esta estrategia impulsa el desarrollo de procesos más sostenibles en la industria química y contribuye a que las biorrefinerías sean más económicamente autónomas, al reducir la dependencia de materias primas fósiles importadas. Al mismo tiempo, el proyecto puede fortalecer las economías locales, generando nuevas fuentes de ingresos y fomentando la creación de empleos verdes.
¿Cómo van a trasladar los resultados a la ciudadanía?
Hemos pensado en desarrollar encuentros divulgativos abiertos al público, por ejemplo en iniciativas como “Pint of Science”, para explicar de manera sencilla cómo a partir de residuos vegetales pueden obtenerse nuevos plásticos sostenibles. Se pueden hacer talleres educativos en escuelas con experimentos sobre la transformación de la biomasa o los materiales biodegradables, artículos divulgativos o infografías sencillas que comparen el plástico tradicional con el de origen biológico.
El objetivo es mostrar que se trata de un paso concreto hacia una química más limpia, que reduce el impacto ambiental sin renunciar a los materiales que la sociedad necesita.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




