Pablo Busó (AIJU): “Existe interés por el juguete sostenible, pero no a cualquier precio”

Los fabricantes de juguetes y los consumidores tienen un interés claro en los productos sostenibles, pero hay factores que juegan en contra: uno de ellos es la resistencia al precio del consumidor, ya que los juguetes elaborados con materiales sostenibles son más caros.

El Instituto Tecnológico de Producto Infantil y de Ocio, AIJU, con sede en Ibi, incluso la ha cuantificado. “Existe interés por productos sostenibles, pero no a cualquier precio: un aumento del 10% del precio, reduce la intención de compra en un 75%”, dice Pablo Busó, coordinador del departamento de Investigación infantil y Pedagogía del Instituto, que forma parte del Comité Internacional de Tendencias de Núremberg. “En un producto de 20 euros no se está dispuesto a pagar más de 2 euros extra y esas son las reglas del juego con las que tiene que jugar la industria”, añade.

También influye en esta compra la edad de los padres y de los hijos. “Los consumidores con hijos de 0 a 3 años son mucho menos sensibles a los precios” y “están más dispuestos a pagar más por productos de alto valor”, explica Pablo Busó. Por su parte, los millenials menores de 40 años tienen “una mayor sensibilidad hacia la sostenibilidad”, asegura.

Busó resume cuatro grandes tendencias en el sector: los juguetes que nos enseñan a tener un comportamiento más sostenible y valores relacionados con reciclaje o el consumo responsable, productos hechos con materiales de la naturaleza, pero con certificados de tala responsable como los RSG, los bioplásticos, y la sensibilidad al precio. 

El plástico, añade este experto, “sería uno de los grandes perdedores, pero tiene mejor resistencia y durabilidad – asociada con la sostenibilidad- que el cartón o el papel, y por eso surgen los bioplásticos, inspirados en la naturaleza”. El problema detectado es que al trabajar con materiales reciclados y bioplásticos es más difícil pasar la normativa del sector y, con los bioplásticos, los fabricantes “se encontraban con el problema de la carencia de proveedores y la resistencia al precio”, explica.

Este investigador incide en la importancia de entender la sostenibilidad como un concepto de 360 grados que incluye el aprovechamiento energético de la planta de producción, acercar esa producción al lugar de consumo, o la optimización de los envases que señala como “el gran cambio de los últimos tres años”.

Se ajusta el espacio del embalaje porque eso encarece el transporte y genera más huella de CO2. “Se intentan buscar monomateriales que se reciclan más fácilmente, se eliminan las ventanas de plástico y se reducen los espacios de vacío”, dice.

A su juicio, es importante “que la sostenibilidad no sea entendida como un producto, sino como una filosofía de la empresa, que esté embebido en la estrategia empresarial para optimizar todos los procesos: no es únicamente el material que se utiliza”, asegura.

Otro aspecto que destaca es utilizar sellos que certifican el origen del material, educar al consumidor y dar guías a la industria “que está dispuesta a adaptarse a los cambios”, insiste.

Artículo de Kati Ferrero

InfoSOS, por un mundo sostenible.