Un hito climático global fulminó un arrecife gigante en Alicante hace 120 millones de años

Un estudio de las universidades Complutense de Madrid (UCM) y Jaén (UJA) revela cómo un evento climático global, el Evento Anóxico Oceáneio 1a (OAE), provocó la desaparición de una antigua plataforma carbonatada marina, una especie de arrecife gigante prehistórico que existió en la Sierra de Mariola (provincia de Alicante) en el Cretácico, hace 120 millones de años.

Este trabajo, publicado en Cretaceous Research, también demuestra que las dos principales fases de desarrollo de la plataforma se produjeron durante los momentos de menor cambio en la órbita de la Tierra, y establece una estimación temporal de la duración de la plataforma antes de la llegada del evento, de entre 800.000 y un millón de años, según recoge la UCM en una nota.

La plataforma de Mariola era una plataforma carbonatada somera, con la parte más interna y tranquila aplanada, donde vivían bivalvos ya extintos como rudistas y condrodontos, según detallan los investigadores.

Por su parte, el OAE 1a se considera un “evento hipertermal” porque produjo un aumento de temperatura global del océano de entre 5 y 8 grados centígrados, aunque no supuso una gran extinción en las especies del planeta.

Los investigadores ponen el foco en que el estudio ha permitido desvelar que, aun con las considerables fluctuaciones climáticas que precedieron a ese evento, la plataforma “fue capaz de sobrevivir y adaptarse a las condiciones ambientales”, demostrando “cierta resiliencia y adaptabilidad” frente a cambios ambientales relativamente rápidos.

Para llevar a cabo el análisis, realizado durante años en el Parque Natural de la Sierra Mariola, se han levantado columnas estratigráficas de detalle, recogiendo centenares de muestras de roca, realizando análisis paleontológicos y geoquímicos, y vuelos con helicóptero para el estudio de la morfología del afloramiento geológico.

Aunando todos los datos, se ha hecho un análisis de ciclicidad, ya que el apilamiento de los estratos y la sucesión de las rocas ha permitido correlacionarlos con ciclos de Milankovitch, que son las variaciones en el movimiento orbital de nuestro planeta alrededor del Sol, y que pueden quedar reflejadas en los sedimentos terrestres.

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