Una expedición viaja por las costas europeas para estudiar el impacto ambiental de la actividad humana

La expedición Tara Europa, de la Fundación Tara Ocean, lleva once meses viajando por las costas europeas con el objetivo de comprender el impacto de las actividades humanas, como las emisiones de gases de efecto invernadero, en la biodiversidad de los ecosistemas de los mares y océanos.

Tara Ocean es una institución científica reconocida mundialmente por sus expediciones marinas a bordo de su buque de investigación, llamado Tara.

Este buque lo compró en 2003 la familia Troublé-Bourgois con la idea de juntar los sueños de sus dos antiguos dueños: el de explorar los mares que tenía el investigador francés Jean Louis Étienne y el de conservación de los océanos del regatista neozelandés y bicampeón de la Copa América, Peter Blake.

Desde ese momento, Tara Ocean inició numerosas expediciones científicas de manera progresiva, hasta llegar a ser el velero que más se ha aproximado al polo norte en toda la historia.

Más de un año investigando

El buque lleva ya más de once meses de expedición por las costas del continente europeo y recientemente ha desembarcado en el Puerto de Barcelona, donde estará hasta mediados de abril, cuando se celebra la Conferencia de la Década de los Océanos en la capital catalana.

Esta expedición, denominada Tara Europa, empezó su aventura en la ciudad francesa de Roscoff en abril del 2023 y tiene previsto prolongarse hasta el mes de julio de este mismo año.

A bordo del Tara viajan un total de 14 personas, entre ellas seis marineros, seis científicos, un periodista y un artista gráfico.

El responsable de Política Internacional de la Fundación Tara Ocean, André Abreu, asegura que el proyecto de Tara dispone de una comunidad científica muy extensa que está utilizando sus servicios para llevar a cabo investigaciones científicas de todo tipo.

«Tara es un proyecto ‘bottom-up’. Al ser un buque privado, podemos escoger los proyectos que nos resulten más interesantes», subraya Abreu.

Entre los proyectos de investigación más destacados, Tara estudia los flujos de dióxido de carbono (CO2) entre las aguas marinas y la superficie terrestre, así como la presencia de bioaerosoles, que son partículas en suspensión liberadas por ecosistemas terrestres y marítimos a la atmósfera, como hongos, polen, bacterias o virus.

Los océanos, grandes almacenadores de CO2

Los mares y océanos desempeñan la función de controladores del clima global; son el disipador de calor más grande del planeta, absorbiendo hasta el 90 % del exceso de calor que proviene de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Además, son un sumidero de carbono muy eficiente, incluso más que los bosques: los mares absorben el 23 % de las emisiones de CO2 generadas por la actividad humana.

Pero este equilibrio de flujo de CO2 entre el mar y la tierra está amenazado por el cambio climático y el aumento de la contaminación atmosférica, elementos que ejercen una mayor presión sobre los mares y océanos.

Esto provoca que se incremente la temperatura, el aumento del nivel del mar -también por el deshielo del Ártico y Antártico- y la acidificación de las aguas.

Los investigadores del Tara analizan cómo estas alteraciones de las condiciones medioambientales, a partir de los flujos de CO2 de mar a tierra, se traducen en un amplio espectro de efectos y desequilibrios en los ecosistemas marinos, a nivel biológico, como la contaminación, la sobreexplotación y la destrucción de los hábitats.

En busca de sinergias entre entidades científicas 

Para llevar a cabo todas estas investigaciones, la Fundación Tara Ocean trabaja conjuntamente con el ‘Traversing European Coastlines’ (TREC), uno de los diversos programas de investigación del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL).

Los investigadores del TREC son los encargados de los muestreos en la superficie terrestre y, para poder analizarlos, disponen de unos laboratorios móviles que viajan por carretera, mientras el buque de Tara Ocean lo hace por el mar.

La encargada de las expediciones científicas del EMBL, Paola Bertucci, explica que poder disponer de estos laboratorios móviles, equipados con tecnologías vanguardistas, les permite hacer exactamente el mismo proceso de análisis de las muestras recogidas en cada ciudad en la que se instalan.

El objetivo principal del TREC es poder observar y comprender los efectos de los entornos cambiantes en los organismos por la contaminación o el aumento de temperatura, tanto a nivel celular y molecular, para poder llegar a proporcionar nuevas herramientas de diagnóstico, medidas preventivas y posibles soluciones para revertir los cambios perjudiciales en el futuro.

«Esta expedición nos permite tener una visión holística, que nos hace entender que en nuestro planeta todo está interconectado. La Tierra y el océano no son dos componentes totalmente distintos, sino que están en una continua interacción que afecta el uno al otro», destaca Bertucci.

Los proyectos de esta expedición involucran a grupos de investigación del EMBL y todos los institutos colaboradores, entre ellos el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (ICM), del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La investigadora del ICM-CSIC Judith Traver explica que la llegada de esta expedición no crea solo una oportunidad única para estudiar todos los ecosistemas costeros, sino también para fortalecer vínculos entre los científicos, investigadores e instituciones, que a largo plazo pueden dar lugar a nuevos proyectos.

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