
En un año marcado por lluvias torrenciales, e irremediablemente marcado por la DANA, seguidas de temperaturas extremas que empezamos a sufrir estos días con la entrada de un verano muy duro, el almendro vuelve a demostrar su papel clave en la lucha contra la desertificación, un problema que afecta de lleno a la Comunitat Valenciana. Este cultivo, profundamente arraigado en nuestros campos, no solo garantiza un producto de proximidad y calidad, sino que también protege el suelo, ahorra agua y ayuda a frenar la despoblación rural.
De las más de 800.000 hectáreas de almendros que hay en España y Portugal, casi el 80% se cultiva en régimen de secano, lo que lo convierte en una barrera natural frente a las sequías crónicas que sufren comarcas del interior valenciano como la Serranía, el Alto Palancia, Utiel-Requena o el Comtat y l’Alcoià.
En zonas de laderas, donde las lluvias torrenciales amenazan con arrastrar la tierra fértil un problema recurrente en buena parte del interior de Castellón, Valencia y Alicante, el almendro actúa como un escudo natural que fija el suelo y frena la erosión.
En InfoSOS contactamos con Spanish- Almendrave, la Agruapación de Exportadores de Almendra y Avellana de España (SAB Almendrave) para ahondar y destacar la importancia de un cultivo profundamente arraigado en la cultura y economía de la Comunitat.
Clave en las regiones mediterráneas
Estudios europeos, algunos desarrollados en regiones mediterráneas como Murcia, confirman que este árbol tiene un efecto positivo en la protección del suelo y en la biodiversidad microbiana, contribuyendo a mantener vivos nuestros paisajes y ecosistemas.
Además, el almendro es un cortafuegos natural en las temporadas más críticas de incendios, como la que cada verano amenaza nuestras sierras y montes. Su baja demanda hídrica y su capacidad para regenerar terrenos degradados lo convierten en un cultivo sostenible, resiliente y adaptado al clima mediterráneo.
Ejemplo de sostenibilidad en la Comunidad Valenciana.
La almendra valenciana forma parte de un modelo agrícola europeo que apuesta por la sostenibilidad ambiental, social y económica. No solo genera producto de kilómetro cero de altísima calidad, con variedades locales como la marcona, largueta o comuna, sino que también revitaliza el tejido rural y promueve la economía circular: desde la cáscara que se convierte en biomasa hasta la piel utilizada en cosmética o farmacia.
“Iniciativas como el proyecto europeo ‘Sustainable EU Almond’, respaldado por la asociación española SAB-Almendrave y su homóloga portuguesa CNCFS, resalta todo lo que representa este cultivo esencial para el futuro de la Comunitat Valenciana: más verde, más sostenible y más sabroso”, destacan desde el sector.
En este sentido, Pere Ferré, presidente de SAB-Almendrave, subraya la importancia estratégica del territorio valenciano:
“La Comunitat Valenciana es un territorio clave para la almendra europea, tanto por su gran tradición como por la sostenibilidad de sus explotaciones. Como ocurre en el resto de la Península Ibérica, una gran parte de las hectáreas en la Comunitat Valenciana son de secano, lo que ayuda a ahorrar agua en un clima seco como el del Mediterráneo», comenta el presidente.
«SAB-Almendrave, en concreto, está muy ligado a este territorio, con una historia riquísima en el cultivo del almendro, y de hecho Valencia fue la ciudad elegida para realizar el 30 de abril de este año la décima edición del Encuentro de la Almendra y la Avellana, nuestro evento anual que reúne a los principales actores de la cadena de valor de estos productos”, concluye Ferré.
La combinación de tradición, resiliencia climática y sostenibilidad convierte a la almendra valenciana en una apuesta segura frente a los grandes desafíos medioambientales y sociales del presente y del futuro.
Artículo de Francisco Estellés.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




