
Los consejos más frecuentes para una buena alimentación «suelen omitir el problema de los contaminantes químicos» pero hablar de dietas saludables ignorándolos «es engañoso» y por ello «existe una gran preocupación científica» ante esta forma de «subestimar el riesgo real», explica en entrevista con EFE el experto Carlos de Prada.
Periodista, escritor, Premio Nacional de Medio Ambiente y Premio Global 500 de la ONU, De Prada publica ‘Cómo comer sano en un mundo tóxico’ (Ediciones i), una recopilación exhaustiva de evidencias científicas sobre los contaminantes presentes en los productos alimenticios, sus efectos en la salud y en qué medida es posible reducir su presencia.
El mejor sistema de desintoxicación «no busca eliminar los tóxicos que ya tenemos en el cuerpo, en la medida que eso sea posible, sino prevenir que entren en él» pero la actual legislación padece «una serie de lagunas» que «hace que no estemos siendo debidamente protegidos frente a estos riesgos» y, además, «hay una tendencia en la Comisión Europea hacia la desregulación» de las sustancias peligrosas.
Sin embargo, «esto no debe deprimirnos sino servir para que nos demos cuenta de que, si las autoridades no nos protegen lo suficiente, nosotros mismos tenemos que adoptar medidas» y esta, afirma, es la utilidad del libro: facilitar «un conocimiento básico de la situación».
La ciencia avisa
El libro recoge estudios de diversas instituciones científicas que demuestran el daño producido por la masiva presencia de productos químicos, ya que «los alimentos que consumimos hoy no son los de hace cien o doscientos años», sino fruto de un sistema de producción agroalimentario «desnaturalizado» con una cantidad «tremenda» de sustancias sintéticas añadidas.
Incluso alimentos en principio sanos como las frutas y verduras pueden contener residuos de estos contaminantes «y ya no hablamos de los procesados y los ultraprocesados».
«Lo que nos dice la comunidad científica a través de centenares de investigaciones es que productos como insecticidas, fungicidas o herbicidas que inicialmente deberían afectar sólo a las plagas, también pueden afectar al ser humano» en forma de alteraciones hormonales, enfermedades cardíacas, procesos cancerígenos, infertilidad y otros problemas de salud que pueden verse agravados por estas sustancias.
También el agua
La contaminación química afecta también al agua debido a los productos «que echamos en las lavadoras, en las lavavajillas, por el fregadero, el inodoro…, y no digamos ya algunas industrias», advierte.
Un informe de la OCDE señala por ejemplo que, pese al trabajo en las estaciones depuradoras de aguas residuales, «infinidad de compuestos químicos» acaban en los ríos porque algunos como los PFAS -sustancias sintéticas conocidas como «químicos eternos» por su larga durabilidad- son «muy difíciles de eliminar del medioambiente y los organismos vivos».
Eso hace que el agua del grifo contenga contaminantes «a unas concentraciones que se consideran legales» pues, como alerta la Agencia Europea de Medio Ambiente, «sólo un tercio de las aguas superficiales europeas están en un relativo buen estado químico».
Qué hacer
La medida más eficaz para reducir el problema, según De Prada, es «optar por la alimentación ecológica en la medida que se pueda», ya que distintas investigaciones constatan que la presencia de sustancias tóxicas en el organismo se reducen «espectacularmente» y «en pocos días» cuando una persona «pasa de comer convencional a ecológico».
Este especialista lamenta que muchos españoles crean que no hay mucha diferencia entre consumir ecológico o no hacerlo «pero realmente hay una enorme» y no sólo por los contaminantes sino por «la mayor presencia de antioxidantes en los productos ecológicos».
También se queja de que, en lo que respecta a la seguridad alimentaria, parte de la población «cree que todo está perfectamente controlado por ‘Papá Estado’, pero la comunidad científica nos dice que no es así» .
Un ejemplo es la medición de cuándo es segura o no la concentración de un elemento químico, porque los análisis parten de «una perspectiva ficticia: evalúan la exposición a una única sustancia a la vez, y lo cierto es que nadie se expone a un único contaminante de manera aislada» sino a mezclas, a «cócteles de contaminantes que pueden tener efectos muy superiores a la exposición aislada».
Por ejemplo, «una sola fresa, una sola pera, puede contener residuos de diez o quince pesticidas simultáneamente», advierte.
No hay, pues, «soluciones fáciles o cuasi-mágicas», resume, y tampoco se trata de «obsesionarse con lo que no se puede evitar» sino de «trabajar con tranquilidad pero con resolución en lo que sí podemos evitar».
InfoSOS, por un mundo sostenible.




