
Uno de cada cuatro humedales está incluido en el Inventario Español de Zonas Húmedas; de hecho España es, con un total de 76, el tercer país del mundo en número de zonas húmedas de importancia internacional. Sin embargo, la Fundación Global Nature (FGN) señala que «muchos de ellos no cuentan con medidas efectivas de conservación».
Es un aviso especial dentro de toda una semana con actividades para conmemorar el Día Mundial de los Humedales, que tuvo lugar el 2 de febrero, como recuerda Sergio Arroyo, presidente de la Asociación de Humedales del Sur de Alicante (AHSA).
Solo el 13 % de los humedales españoles registrados oficialmente están bien conservados sin alteración alguna, mientras que el 37 % están conservados aunque con algún tipo de intervención. Para la asociación deben de ser datos preocupantes.
En los últimos cincuenta años se había perdido el 40% de la superficie de las zonas húmedas en España. Hay que tener en cuenta que la valoración social de los humedales ha sido siempre muy negativa; es uno de los ecosistemas que se ha visto tradicionalmente más afectado. De hecho, la celebración del Día de los Humedales es para conmemorar la firma del Tratado Ramsar en los años 70, que supuso un punto de inflexión, en el sentido de que hay, por lo menos, por parte de las administraciones, un reconocimiento del valor y de su importancia como ecosistemas a proteger. Con anterioridad, desde las propias administraciones, se hacía lo contrario. En el caso de España, la Ley de Aguas se promulgó en el siglo XIX y justamente el propio Estado apoyaba y sufragaba con dinero público la destrucción y el aterramiento de humedales, y aquí se siguió llevando a cabo. Uno de los humedales más importantes de la península ibérica, que era la Laguna de La Janda, se desecó y se transformó en los años 60, o sea, diez años antes de la firma del Tratado Ramsar. En esa época hay un movimiento de científicos que lleva desde un punto de vista técnico a la administración la necesidad y la importancia de conservar estos ecosistemas. Por ejemplo, cuando al principio de los 70 se declara el Parque Nacional de Doñana.
¿Por qué son tan relevantes los humedales y, aún así, les damos tan poco valor?
Sobre todo lo son desde un punto de vista biológico, principalmente por la biodiversidad que albergan, tanto de fauna como vegetal. Tradicionalmente han estado bastante vilipendiados y, los que se han conservado, ha sido simplemente porque han tenido alguna utilidad comercial. Aquí en la Comunidad Valenciana, han tenido utilidad para la caza, para la pesca, para la extracción de sal, y por ejemplo el parque de El Hondo, para la agricultura. En el territorio donde vivimos se llevan desarrollando las diferentes civilizaciones desde hace más de 10.000 años, entonces lo que son prácticamente todos los espacios naturales, incluidos los humedades, están muy transformados, y los que han perdurado hasta la actualidad, es porque han tenido algún tipo de aprovechamiento comercial. Luego, en los años 70, la figura de protección está vinculada al proceso político de las autonomías, cuando se generaliza la figura del Parque Natural y cuando se protegen de forma explícita en los 80, incluidos en parques. Posteriormente, es a través de la Ley de Espacios Naturales, que ya por su propia condición prohíbe taxativamente cualquier tipo de de actuación que altere, contamine o degrade los valores ambientales de de los humedales. No obstante, la propia Ley de Espacios naturales establece el catálogo de zonas húmedas, donde se incluye toda una serie de humedales, estén declarados parques naturales o no. De todas maneras todavía quedan algunos humedales que no están incluidos en este catálogo, como las Lagunas de Rabasa o el Saladar de Fontcalent, en Alicante.
El Saladar de Aguamarga, también en Alicante, sí está incluido, pero planean amenazas sobre él.
Es la sinrazón de un ecosistema con un valor ambiental bestial que debería ser como las salinas de Santa Pola y, sin embargo, está tan arrasado… Aparecen especies invasoras porque se ha venido abajo, y mantienen el área reducida. Ahora sufre las presiones de AENA para la ampliación de la segunda pista. Cuando se proyectó la ampliación en la primera década del año 2000, las medidas correctoras contemplaban que se mantuviera inundado permanentemente todo el ámbito de las salinas, y se ha incumplido durante dos décadas.
¿Cuál es la salud del resto de humedales que tenemos en la Comunidad Valenciana?
Sobreviven, pero están sujetos a mucha presión, cada uno con patologías diferentes, y el futuro se representa problemático. Los humedales costeros, como pueden ser las Salinas de Santa Pola, además de sufrir el acoso inmobiliario, a más largo plazo, les afecta el problema del cambio climático, las subidas de temperaturas y la previsible crecida del nivel del mar. Las salinas de Santa Pola o los humedales costeros desaparecerán en un futuro próximo si se siguen consumiendo combustibles fósiles al ritmo que lo estamos haciendo. Luego cada uno tiene sus problemas pendientes. El Hondo -que depende de las aguas continentales del río Segura y en buena parte de los sobrantes de la agricultura tradicional-, con todos los cambios que está habiendo, la desaparición del riego a manta y tradicional y la implantación de la agroindustria, a medio plazo puede ver comprometida la disponibilidad de cauces. Y más si entramos en un marco también de subida de las temperaturas y de escasez de recursos hídricos. La situación no es buena, pero la previsión es aún peor.
¿Y qué debemos hacer para aumentar dicha protección?
Cuando se declara protegida una área hay que especificar lo que proteges. Por ejemplo, tenemos un parque nacional como Doñana, que nos lo matan porque están succionando continuamente los acuíferos. A veces, las figuras de protección y sobre todo las actividades permitidas en torno a los parques provocan su degradación. Una muestra: en el sur de Alicante, la zona perimetral de protección es superexigua, de menos de 500 metros, e incluso se permiten actividades relacionadas con la construcción, que al final convierten a los espacios naturales en meros parques periurbanos.
En el antiguo perímetro de protección del Parque Natural de La Mata, en Torrevieja, la zona de La Hoya, que estaba dentro del perímetro de protección, se recalificó como urbanizable a través de una legislación que se suponía que era la propia de recursos naturales del sistema de zonas húmedas del sur de Alicante. Se aprobó en primera instancia en 2003, pero debido a un recurso contencioso, no se hizo definitivamente hasta 2010. Y esa propia herramienta legislativa que tiene como objetivo armonizar las actividades en el entorno de los parques, recalificó cerca de 2 millones de metros cuadrados en el Plan General de Torrevieja como urbanizables. Ahora mismo se están construyendo más de 7.500 viviendas en el entorno de las lagunas. Eso ha convertido en una muralla de hormigón todo lo que es el entorno, ya no solo destruyendo o dificultando la conectividad ecológica de estos espacios naturales con su entorno, sino alterando de forma grave el funcionamiento hidrológico, por el recubrimiento de la cuenca vertiente de ambas lagunas de asfalto y hormigón.
¿Hay esperanza para salvar estos ecosistemas?
Pues dentro de toda la problemática que tienen los humedales y de la negación de la sociedad para intentar destruirlos, todavía consiguen albergar una increíble biodiversidad. Con todos los problemas que arrastran, aún estamos a tiempo de poder conservar unos ecosistemas únicos. Están en grave peligro de desaparición, no solo en la Comunidad Valenciana sino en todo el Mediterráneo, y hay que protegerlos a todos sin distinción de tamaño, tipo o clase; estamos en una batalla en que no podemos perder ni un solo metro cuadrado más de humedal.
InfoSOS, por un mundo sostenible.




