Blas Moreno: “En 25 años podemos conseguir que el Mediterráneo se autoabastezca y sea además exportador de energía limpia”

Blas Moreno es codirector y editor jefe del medio independiente El Orden Mundial, EOM, un medio que se dedica al análisis internacional divulgativo para llevar al gran público en español conceptos y curiosidades de las relaciones internacionales, la geopolítica o la economía. En Casa Mediterráneo expuso la pasada semana la importancia de la geopolítica en el control de los hilos de la energía en el Mediterráneo, dentro del ciclo sobre la “Geometría del poder y las rutas claves para el siglo XXI”.

Partiendo de que la energía es la base de la civilización, en el sentido de que mantiene viva nuestra economía, para Moreno es clave buscar alternativas para asegurar nuestro suministro energético, y pone como ejemplo el apagón del año pasado. “Pero antes de ese apagón, ya hemos tenido otras ocasiones en las que, si bien no nos hemos quedado sin energía, sí que vimos cómo la conjunción energía-geopolítica era muy evidente”. Fue el caso de la guerra de Ucrania, dice. “De repente nos dimos cuenta de que en Europa en general dependíamos mucho del gas ruso, y todavía lo hacemos, y quizás depender de un país hostil para una cosa tan esencial como la energía, es peligroso”. También porque depender de países lejanos, o de zonas en las que hay conflicto, puede influir en que la energía agrave o, en su caso, palíe la crisis climática, señala, y en este sentido el Mediterráneo es una de las regiones del mundo que más ha sufrido el cambio climático.  “Tenemos un grave problema de desertificación, estamos muy expuestos”, pero también hay algo  novedoso, dice, que es que “el Mediterráneo tiene un potencial enorme como pila verde, como lugar de producción de energías renovables, que nos puede hacer a los sureuropeos y al norte de África, a Oriente Próximo incluso, ofrecer una alternativa verde a la energía que estamos consumiendo ahora mismo”, esto es, los hidrocarburos que contaminan.

Explica que entre Egipto, Israel, Palestina, Chipre, Turquía y Grecia, se han descubierto bolsas de gas natural muy grandes. “No es que vayan a ser el nuevo Qatar, ni mucho menos, pero son bolsas bastante relevantes que permiten que esos países se pongan a exportar gas. De repente tenemos en el este del Mediterráneo un punto de exportación de hidrocarburos interesante, nuevo”. Pero también, dice, hay discrepancias territoriales; por ejemplo, entre Israel y Líbano; por supuesto, entre Israel y Palestina y también entre Chipre, Grecia y Turquía, Egipto, etc. Y a ello se suma que la población de esos países crece muy rápido y cada vez demanda  más servicios,  más infraestructuras, “y eso redunda en más demanda de energía, evidentemente”. También están industrializándose cada vez más, añade, sobre todo en alusión a Marruecos o Egipto. “De repente, hay que sacar energía de donde no la había”.

Asegura que el Mediterráneo es, cada vez más, un polo de producción energética. El caso más conocido en la cara norte es Francia, que destaca por su producción nuclear. “Los demás países del norte, sobre todo, se alimentan a base de gas en buena medida y también en España con renovables ya, por cierto”. En el sur también hay dos grandes productores de energía, de hidrocarburos en este caso, de petróleo y de gas, los clásicos: Argelia, gran productor de gas del sur del Mediterráneo, y también Libia, históricamente, un gran productor de petróleo. La cuestión es que hasta ahora la cara sur del Mediterráneo producía hidrocarburos, esto es, combustibles contaminantes: gas, petróleo, pero no producía gran aporte de energía limpia.

No obstante, ve un gran potencial en el Mediterráneo. “La posibilidad de desarrollar toda la energía, sobre todo fotovoltaica, solar, en la cara sur, gracias a tantas horas de sol, podría conseguir que solamente en 25 años el Mediterráneo no solamente se abastezca a sí mismo,  sino también que sea exportador de energía limpia hacia el norte de Europa y también hacia otros lugares del mundo”. Una oportunidad que, sin embargo, “no estamos aprovechando del todo bien, sobre todo Europa, porque podría convertir el Mediterráneo en un polo de energía verde para todo el mundo”, asegura.

“Siempre hemos pensado en el Mediterráneo como lugar de migración, también de conflicto”, dice Moreno, remontándose a la crisis del petróleo de los años 73-74,  provocada por la guerra de Yom Kippur entre Israel y los países árabes. Por no hablar del 11-S. Todo ello hace que el enfoque de Europa y de Occidente con el mundo árabe “no sea la cooperación, la energía compartida, el buen rollo, sino el terrorismo, la amenaza, y eso también dificulta la cooperación energética”, asevera.

Critica que Europa no sea capaz de ver que “depende mucho de su vecino del este” y que quizás le vendría mejor estrechar lazos con el vecino del sur. Aunque esos lazos deben estar mejor enfocados. Por ejemplo, el plan solar mediterráneo, el MSP, que promueve las energías renovables, un sistema en el que en todo el Mediterráneo se pudieran producir para 2020 un total de 20 gigavatios  de energía solar. “Acabó siendo rechazado, porque no tiene sentido desarrollar la energía fotovoltaica en Egipto o en Marruecos, cuando aún no somos capaces de conectar la península ibérica con el resto de Europa, a través de Francia, con interconexiones eléctricas y de hidrocarburos”.

Por eso insiste en buscar alternativas, que a corto plazo pasan por trabajar con los países del sur en hidrocarburos, pero también asociarlo a transición verde: “que si quieres conseguir una planta fotovoltaica, yo te ayude a financiarla, porque no podemos depender únicamente del hidrocarburo”. Así que también a largo plazo se requiere “una interdependencia escalonada, que el mediterráneo sur y el norte trabajen juntos para tener una economía verde, capaz de autoabastecerse y exportar”. Que sea una oportunidad de transformar el Mediterráneo con una energía verde, sostenible, democrática y mucho más horizontal”, concluye.

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