
Hace un mes, con la evidencia de que 2026 está presentando un clima más cálido y condicionado por los fenómenos meteorológicos extremos, las universidades se comprometieron a situar el conocimiento científico en el centro de la respuesta social, económica y ambiental ante el calentamiento global. Firmaron la declaración «Universidades mediterráneas en el contexto de cambio climático: la ciencia, pilar fundamental de las actuaciones ante la emergencia climática”, reunido en la Universidad de Alicante el Consejo General de la Xarxa Vives de Universidades.
En la sesión de debate estratégico, el profesor de la Universidad de Alicante Juan Javier Miró-Pérez, del Departamento de Análisis Geográfico Regional y Geografía Física, fue el encargado de explicar, desde una perspectiva científica, la situación que atraviesa la cuenca mediterránea.
Junto con otros expertos como los catedráticos Jorge Olcina o María José Estrela, de la UA y de la Universidad de Valencia, respectivamente, y varios físicos entre otros, han constituido un equipo para llevar a la escala local los patrones más generales que son ya conocidos. “Todos entendemos que la cuenca mediterránea tiende a un patrón de calentamiento del agua del mar, yo presenté algunos estudios que hasta hace poco no eran evidentes sobre las tendencias de las lluvias torrenciales en la fachada mediterránea, y resulta que sí que hemos podido establecer ya en los últimos estudios que en el caso del sureste peninsular, desde la zona de Valencia hasta la de Almería, hay una tendencia estadísticamente significativa al aumento”. Y no es un aumento al azar, afirma Miró. “No es simplemente por causa de ciclos, sino que hay algo más. Y sobre todo, con la última investigación que está ahora mismo en curso, sobre el papel del vapor de agua troposférico. estamos observando que vienen más cantidad ya de ríos atmosféricos, desde latitudes subtropicales o cuasitropicales. Entonces, lo que se produce es, por un lado, aumento de temperaturas, pero por otro lado, más vapor de agua. Y eso genera un efecto que llamamos ‘tijeras hidrodinámicas’, algo así como que mientras que por un lado la humedad relativa baja debido a una mayor temperatura -y por tanto es más difícil que llueva ordinariamente, de una forma extensa, moderada-, por otro lado, si consigue formarse precipitación, hay más potencial para que localmente ésta pueda ser más intensa”. De ahí que en el litoral mediterráneo “aumenten explosivamente estas precipitaciones torrenciales”, explica. Y de ahí también que sea más difícil la precipitación ordinaria, la más aprovechable hidrológicamente, en las cabeceras, precisamente donde nacen el Tajo, el Júcar, el Guadalquivir o el Segura.
A ello se suma el aumento de las mínimas junto al litoral, o sea, más noches tropicales o incluso tórridas o ecuatoriales, que implican mayor estrés térmico; sin embargo en el interior, en zonas altas, lo que más está subiendo son las temperaturas máximas y “los pisos bioclimáticos en las montañas están en regresión mucho más rápida arriba. Allí el calentamiento es más fuerte, más intenso; una de esas paradojas que se explica poco, pero que localmente tiene un impacto muy fuerte”, y que conlleva implicaciones también para la salud. “Hay gente que a lo mejor en verano no puede acceder a un aire acondicionado o grupos de riesgo, personas enfermas o de edad avanzada, y todo eso se ha de tratar”, dice. Considera que hay otras medidas de más difícil implementación pero útiles para las ciudades. “Muchas veces hemos urbanizado de manera que hemos cerrado el acceso de las brisas marítimas hacia el interior de la ciudad. Cabría hacer un tipo de urbanización más abierta, que las corrientes de aire que llegan del mar puedan dulcificar un poco, que esas burbujas de aire caliente dentro de las ciudades se puedan disgregar más fácilmente”.
Miró apunta más ideas: “Otra cosa que también se puede hacer es, por ejemplo, los tejados, pintarlos de colores más claros, que fácilmente reflecten la luz del sol, o incluso techados verdes. Arriba de los edificios se puedan plantar especies, un poco de cobertura vegetal, para mitigar un tanto el calentamiento”.
Pero en la Comunitat Valenciana, inevitablemente, la dependencia del sistema hidrológico, del trasvase Tajo-Segura, lleva a pensar en los caudales “que probablemente vayan a menos en los próximos años”, augura el profesor. Por eso propone intentar un mejor aprovechamiento de las propias aguas de lluvia, o incluso investigar más en formas de captar agua a través de las nieblas. “Hay muchos proyectos ya para captar nieblas en montañas; por ejemplo, en Marruecos, en las Islas Canarias, en el desierto de Atacama, y se ha empezado un poco en nuestra propia fachada mediterránea. Son formas bastante efectivas de captar agua, pero todo eso necesita un esfuerzo para poderse implementar, para sacar de algún otro lugar esas aguas faltantes, aparte de la desalinización, que también sabemos que consume recursos energéticos importantes”.
Lo fundamental, insiste, es intentar frenar en lo posible las emisiones, cambiar el paradigma energético. “Lo que sí es importante tener en cuenta es que si estamos en los ámbitos litorales, el ascenso de temperaturas es más grave en las mínimas, no tanto en las máximas. Ese es el principal hándicap y se habla de ello muy poco”. Se refiere a que el cambio climático en nuestras latitudes ha implicado que la circulación general del oeste se traslade un poco más al norte. “Eso significa que nosotros ahora tenemos muchos más días de brisa al año que hace 30 o 40 años. Ahora, aunque el Mediterráneo se haya calentado, como hay más frecuencia de brisas durante el día, mitiga un poco el ascenso de las máximas pero, por el contrario, exacerba el ascenso de las mínimas; al final el mar es un colchón térmico para las mínimas, y si el mar se calienta más, evidentemente, afecta a ciudades como Alicante o Valencia”.
Por eso propone que, a la hora de consumir aire acondicionado, se opte por reservarlo para las noches. “Para poder descansar, y durante el día que haya alternativas de que el aire circule, que haya sombra, que haya cierta mitigación por enverdecimiento del espacio urbano, de manera que durante el día no tengamos un aire acondicionado a 18 o 20 grados, sino que podamos vivir con un aire a 25, y reservarlo quizás para estas noches tórridas en que no se puede pegar ojo”.
En cuanto al papel que las universidades mediterráneas pueden jugar en esta coyuntura de complejidad que “obliga a actuar con urgencia”, según recoge ese texto aprobado por las rectoras y rectores, menciona algunas de esas ideas que él mismo ha expuesto. El enverdecimiento de fachadas, de techumbres, o un mayor sombreamiento de las travesías. “El campus de Alicante me viene un poco más fácil, al ser un campus relativamente joven, pero hay otras universidades que no. Es decisión al final de los mismos consejos rectores de las universidades. También buscar una mejor eficiencia energética dentro de la misma universidad, intentar bajar el consumo eléctrico, hacer un uso muy racional de los aires acondicionados, mayor generación de energía solar en los tejados, o de agua caliente solar, o incluso la misma laminación y aprovechamiento de las aguas pluviales en los recintos de la universidad”. Opina Miró que la universidad “como tal, no puede hacer gran cosa en el conjunto de la sociedad, pero sí puede servir como ejemplo”, y es algo que se puso de realce en esa reunión. “Al final, estamos hablando de ciencia y de lo que la ciencia dice, por encima de las creencias”,sostiene.
En este caso, destaca el papel relevante de la Xarxa Vives, que coordina la acción conjunta de 21 universidades de la Comunidad Valenciana, Cataluña, las Islas Baleares, Cataluña del Norte, Andorra y Cerdeña, al incluir grupos de investigación en materia de cambio climático y riesgos. Alude a su propio modelo de predicción meteorológica en muy alta resolución, iMetStat, centrado en la región ibérica mediterránea. “Lo hemos estado probando, sobre todo para la previsión de extremos atmosféricos, particularmente de lluvias torrenciales, y tuvo muy buen desempeño, por ejemplo, en la DANA de Valencia, porque el día de antes predijo efectivamente en la zona cero, picos de más de 500 milímetros, de 560”. Apuesta Miró por trabajar, desde las propias universidades del Arco Mediterráneo, en mejorar predicciones, o “más que mejorarlas, adaptarlas lo mejor posible a los riesgos extremos, a las precipitaciones extremas. Porque al final los modelos atmosféricos generalistas, tienen detrás un esfuerzo científico muy grande, pero falta después aplicarlo a las realidades locales, sobre todo para afinar lo mejor posible, en este caso, a las alertas tempranas”.
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