Gabriel Soler (Instituto de Ecología): “La presión humana sobre el litoral es real, lo importante es intentar conservar los ecosistemas naturales”

La posidonia oceánica, aunque oculta bajo las aguas, desempeña un papel esencial para la salud de nuestro mar y su biodiversidad contribuye a mitigar los efectos del cambio climático. El director científico del Instituto de Ecología Litoral, Gabriel Soler, reflexiona sobre la necesidad de proteger este patrimonio natural único, muy presente en la isla de Tabarca, y la responsabilidad compartida de preservar el Mediterráneo.

¿Sigue siendo la posidonia la gran desconocida dentro del patrimonio natural, incluso en nuestro litoral?

Yo te diría que cada vez hay más conocimiento por parte de la población en general de la existencia y de los beneficios que otorgan estas praderas de posidonia. Pero el fondo marino, aunque se está investigando, sobre todo en los últimos años, a buen ritmo, sigue siendo un gran desconocido.

En este sentido, Tabarca aparece como un lugar de gran valor ecológico, pero también muy presionado por el turismo. ¿Un año más se va a conseguir compatibilizar ambas realidades o va a haber que empezar a tomar otras medidas?

La pradera que hay en Tabarca, por supuesto, es una de las más extensas y mejor conservadas del litoral de la provincia de Alicante, de la Comunidad Valenciana e incluso, te diría, del Mediterráneo español. Es una pradera muy extensa, con mucha densidad, con mucha cobertura y, de momento, los seguimientos que se están haciendo por parte de este Instituto indican que goza de buena salud. Lo que pasa es que la presión turística, sobre todo lo que serían los fondeos de las embarcaciones, pueden tener un impacto que hay que controlar, pero claro que es compatible el uso recreativo de la náutica y la conservación de estas praderas. Precisamente es muy sencillo evitar fondear donde hay praderas de posidonia.

¿Cuál es el principal riesgo ahora mismo: el aumento de la temperatura del mar, esa presión turística, la contaminación…?

Un poco de todo. Es una planta que resiste bastante bien los cambios en la temperatura del agua del mar. De momento no hemos observado que esté afectada por ese incremento de la temperatura. También es cierto que, de manera indirecta, sí que puede favorecer lo que sería el herbivorismo, la presencia de epífitos en las hojas, y es muy sensible a los cambios de salididad. Puede tener problemas si está en una zona donde cerca hay el vertido de una desaladora, por ejemplo. Entonces sí que la pradera tiende a reducirse. No obstante, por suerte, la depuración de las aguas en los últimos años ha aumentado mucho y la calidad de las aguas que se vierten. Pero sí que tenemos que tener en cuenta que es una planta sensible a los factores de contaminación y a los cambios de salinidad.

¿Estamos viendo ya consecuencias visibles del cambio climático bajo el agua?

Con respecto a la pradera, no mucho. Con respecto a la presencia de especies invasoras, estamos viendo que algas que en un principio no podían desarrollarse en la zona del Mediterráneo, precisamente porque eran más frías de lo que ellas necesitan, debido a que esta temperatura del agua del mar va en aumento, estas especies empiezan a colonizar zonas donde no estaban. Y este fenómeno hay que estudiarlo porque puede tener efectos ambientales sobre las comunidades originales del Mediterráneo.

¿Qué le preocupa más de aquí a diez años respecto a toda la costa mediterránea?

Bueno, es mucho tiempo. Lo que sí es cierto es que lo comentado es una realidad. Es decir, la presión humana sobre los ecosistemas cada vez es mayor porque cada vez es mayor el número de personas que quieren vivir en la zona costera. Además, debido a estos incrementos en las temperaturas, no solo del mar, sino del medioambiente, se buscan zonas que estén en contacto con el mar para intentar encontrar un clima más benigno. Entonces sí que tenemos que tener en cuenta que la presión humana va a ser importante en todo el litoral y habrá que tomar medidas de gestión adecuadas para minimizar los impactos sobre los ecosistemas litorales.

¿Qué medidas urgentes deberíamos empezar a tomar ya, en su opinión?

La administración general, porque hay muchas administraciones que tienen competencias en la zona costera y en el medio ambiente litoral y marino, creo que sí que están concienciadas de que este fenómeno es una realidad. La presión humana sobre el litoral es real, el cambio climático es real y se están empezando a adoptar medidas de gestión que van fundamentalmente a regular los usos y lo que sería la presencia del factor humano en los ecosistemas naturales. De tal manera que se está decretando cada vez mayor número de espacios marinos más protegidos, se está dotando de normativas a la hora de determinados usos y de determinada forma de gestionarlo. Lo más importante es intentar conservar los ecosistemas naturales lo mejor protegidos posible.

Porque este año vuelve a hablarse mucho de la masificación turística, de la carga de determinados espacios naturales y, mientras tanto, las autoridades siguen empeñadas en expandir el turismo, nuevas rutas, tenemos el proyecto del Vertido Cero pendiente…

Es cierto que el turismo es un motor económico fundamental para nuestra región y para el Mediterráneo en general; entonces, es beneficioso. Lo que pasa es que hay que compatibilizarlo con la conservación y yo creo que eso es totalmente compatible. Claro que somos muchos los que estamos en el mismo sitio. Sí que es cierto que tanto por parte del Ayuntamiento como por parte de las entidades que gestionan las plantas de tratamiento están haciendo inversiones y están intentando revertir ese tipo de problemas. Con el tema de las toallitas como residuos, el problema no son las plantas de tratamiento, el problema es el comportamiento de la gente que hace un mal uso de las mismas. Entonces, contra eso lo que hay que hacer es información y educación. No nos queda otra. Es cierto que se están intentando dar pasos en  la compatibilización de usos y conservación, pero esto no se hace de la noche a la mañana.

¿Usted ve muchos cambios en el Mediterráneo desde que quizás empezó a estudiar esta carrera?

Pues sí, hemos venido a otra época donde, por supuesto, la presión que había sobre el litoral no es la que actualmente existe, ni mucho menos. También es evidente que en los últimos 25 años o incluso 30 ha habido un boom de desplazamiento poblacional al litoral que ha producido cambios importantes. Eso es así.

¿Y si tuviera que resumir usted en una decisión clave que tendríamos que tomar hoy para frenar esto y hacer que dentro de otros tantos años no se nos vaya de las manos?

No es fácil dar con la receta, con la fórmula mágica. Yo siempre digo que lo fundamental es investigación, conocimiento de lo que está pasando, tener datos científicos de qué es lo que está ocurriendo y aplicar medidas de gestión basadas, por un lado, en los conocimientos de la ciencia y, por otro, también para corregir impactos. O sea, que ese paradigma es el que deberíamos tener en cuenta a la hora de la conservación de los ecosistemas litorales, que son naturales pero también humanos y, por lo tanto, esa compatibilización de la que hemos hablado es fundamental.

Y por último, cómo se presenta este verano con el tema del calentamiento, de las medusas y demás. ¿Vamos a tener un verano complicado?

En principio va a ser la tónica de la tendencia de los últimos años. Nada a priori nos dice que vaya a ser diferente. O sea que calor va a hacer y medusas van a ser evidentes. ¿En qué proporción? No lo sabemos. Por lo que hemos estado viendo las últimas semanas de junio, se mantienen las constantes de los últimos años.

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