
Con motivo del Día Internacional de la Reparación, miles de personas han participado en toda España en talleres, intercambios y charlas para fomentar una economía más circular y prevenir la creciente generación de residuos. En la Comunitat Valenciana el colectivo que aglutinó esta iniciativa es Amigas de la Tierra y Alba Pla, técnica de proyectos y fortalecedora del grupo local.
Vuestra agrupación era una de las numerosas promotoras de esta iniciativa. ¿Habéis aprovechado para profundizar en aspectos relacionados con el impacto del consumo de moda rápida, en la necesidad de legislar en el derecho a reparar?
Las jornadas son estatales y las lanzamos en Amigas de la Tierra de la península y cada grupo local hacía su actividad. Hay otras compañeras que han hecho reparación electrónica. Nosotras hemos escogido reparación textil. Hemos decidido juntar tres actividades. La de reparación, pero también hemos hecho el visionado de un documental e intercambio de ropa. Es una de las líneas de Amigas de la Tierra, luchar por el decrecimiento, y el decrecimiento implica luchar contra la obsolescencia programada, contra el hecho de que las cosas estén pensadas para que duren muy poco, que tengan una duración contada y así tengas que volver a comprar. Eso, a nivel ecológico es terrible y desde Amigas de la Tierra pensamos que las cosas están hechas para durar y que tengan una vida útil y larga. Por eso nos gusta el término alargascencia en contraposición a obsolescencia programada, que es no solo tener cosas que tengan una vida útil y larga, sino aprender a repararlas. Y a lo de aprender a repararlas le hemos dado un aspecto comunitario y en eso hemos volcado la actividad, en aprender las herramientas para reparar las cosas que tenemos.
Tradicionalmente, remendar, arreglar la ropa, era algo muy común en los hogares. Hoy, ¿cómo podemos concienciar a las generaciones más jóvenes para que vean esa reparación de estilo como algo sostenible, transformador?
A nivel personal, creo que poner de moda la ropa de segunda mano o la reparación es algo clave, porque ahora mismo se consume un montón porque está de moda, porque nos lo han vendido como un deseo. En Internet hay un montón de hauls, gente que muestra la ropa que se compra y todo es de Shein y está patrocinado por Shein, y ese consumo lo hacemos porque se ha creado esa demanda como algo deseable, pero si creamos como algo deseable, lo que en verdad también pasa en la ropa vintage, se vuelve de moda ser guay y hacer las cosas bien. Puede ser algo divertido, algo sexy que nos guste comprar ropa de segunda mano, piezas sónicas, remendar la ropa y repararla como a nosotros nos guste, con personalidad. Creo que puede ser una buena herramienta comunicativa crear ese deseo, mezclado con que estás haciendo las cosas bien.
¿Cuál es el perfil de las personas que se acercan a estos espacios? ¿Vienen más para aprender a reparar, para compartir sus conocimientos, para informarse?
Es verdad que suelen venir más personas ya concienciadas, y estaría bien abrir el círculo, pero el público general suelen ser personas ya bastante concienciadas, metidas dentro del mundo de comprar vintage o les gusta reparar y quieren aprender o conocer gente que tenga sus mismos intereses. Entonces se crea un espacio seguro, hicimos unas dinámicas de reflexión después del documental y coincidíamos todas en que no representábamos a la mayoría de la sociedad, pero también está ese aspecto de contar con este círculo de afinidad donde podemos compartir experiencias, qué cosas nos han funcionado, qué cosas no, cómo se lo presentamos a amigas que no están tan metidas en el tema, y eso es bastante enriquecedor, la verdad.
Y haciendo ese balance, ¿cómo habéis logrado calar en las personas que se acercaban, con qué actividades?
Se ha hecho todo en la iniciativa Dahlia, que es un espacio cultural en Mislata. Tenemos bastante afinidad y había tres actividades, era una jornada de cuatro a ocho. La primera actividad era el visionado del documental “Ropa Sucia”, que habla de la industria textil, sobre todo centrándose mucho en el impacto de las trabajadoras, no exclusivamente en el impacto ecológico. Hacía paralelismos entre la industria textil, que debido a la crisis ha cerrado muchas empresas, se han deslocalizado… y en la deslocalización de esas empresas, en Latinoamérica, Indonesia, China, donde también hay bastante industria textil y condiciones laborales bastante pésimas. En Latinoamérica estaba muy centrado en las condiciones laborales, en que es un trabajo que suelen hacer sobre todo mujeres. Y luego hemos hecho una dinámica de reflexión para contar experiencias, porque también hay una parte difícil, y luego intercambio de ropa. Cada una traía ropa que ya no le apetecía usar y se podía intercambiar por otra que traían otras compañeras y así le dábamos una segunda vida. Por último, el taller, que hemos hecho con TamiNeko, que es una chica de aquí de Valencia que cose un montón y hace talleres de reparación y con las máquinas de coser en el espacio, fue también muy interesante.
¿Cuál es el impacto verdadero ecológico y social de esta moda de consumo, de moda rápida, por lo menos aquí en nuestro entorno, en la Comunitat Valenciana?
Es un impacto muy grande, pero al final a nivel individual poco podemos hacer; es gracias a estas iniciativas de grupos ecologistas que hacen presión, hacen concienciación, y al final también hacemos peticiones políticas. Esto no lo puede cambiar el deseo de una empresa ni la acción individual. Tienen que ser políticas públicas que eviten la deslocalización, que eviten ese impacto ecológico tan grande y que lo que se haga aquí se produzca de manera ecológica, porque si simplemente limitamos a nivel estatal lo que se produce aquí, a que sea ecológico, de algodón, que se pague bien a las trabajadoras, y no hay una mirada más global, las empresas se deslocalizan, se cierran aquí y el impacto lo tienen otras comunidades más empobrecidas que no pueden permitirse el decir que no.
¿Y qué trabas veis que ponen las grandes marcas para evitar esto que estamos diciendo, de que la ciudadanía repare sus productos, que sea más consciente…?
Es que las empresas grandes son lo que son, o sea, son empresas grandes y ricas gracias a la contaminación, ese es su modus operandi. Entonces, parte de su objetivo es crear mucha demanda y producir un montón para hacerse más ricas, forrarse a costa del planeta y las personas. Otras alternativas son las cooperativas, donde las trabajadoras tienen un sueldo justo y repartido entre todas, trabajan con materias primas locales, de kilómetro cero, de algodón, con materias primas de comercio justo. Por ejemplo, está Ubefe, que es una cooperativa y hace ropa. Son las alternativas que el Estado debería estar financiando más y dando visibilidad. También se necesitan los recursos, necesitamos tener ropa, no podemos limitarnos a decir “no, aquí esta empresa no la pongas”.
A quien nunca haya reparado nada, ¿cuál es el primer paso que le recomendarías, o un taller básico, algo para atreverse?
Yo sobre todo diría primero, alfabetización ecológica, que es un paso muy grande, el saber de dónde viene nuestra ropa, porque hay mucho interés en que no se sepa, y parece que la ropa nace de la nada, sin impacto. Has de decirte: ¿dónde voy a comprar? Y mirar la etiqueta de la ropa y pensar qué condiciones puede suponer para las personas, las trabajadoras, o el impacto ambiental, eso ya es como un paso bastante grande. Y luego, hay un montón de gente que hace reparaciones y cosas divertidas con la ropa; mirar en los barrios, atreverse a ir a una mercería y hablar con la persona de la mercería…
InfoSOS, por un mundo sostenible.




