
Greenpeace ha denunciado con cámaras termográficas las altas temperaturas en seis colegios e institutos de España. Entre ellos, un instituto alicantino en Benissa, donde el patio registraba temperaturas cercanas a los 40 ºC y superiores a 50 ºC en algunas pistas deportivas. Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de la organización, alerta sobre la necesidad de adaptar los edificios y patios a la realidad climática.
¿Por qué eligió Greenpeace este centro específicamente en la provincia de Alicante para este análisis termográfico?
Lo que hicimos fue contactar directamente con centros que conocíamos que estaban haciendo algún tipo de reivindicaciones en este sentido. Además, como lo organizamos en un tiempo relativamente corto, fue más una cosa de oportunidad de los centros que sabíamos que estaban haciendo ese tipo de denuncias.
Y se han detectado hasta 50 grados en las pistas de deporte. ¿Cómo afecta este estrés térmico a los niños, a las actividades físicas?
Sí, hay que tener en cuenta dos factores. Por un lado, a partir de los 24 grados más o menos, según los estudios científicos, esa temperatura empieza a afectar al rendimiento, o sea, la capacidad de concentración, de memoria, de comprensión…, así que tenemos ese impacto en la calidad de la enseñanza, sobre todo cuando tenemos en cuenta que se prolonga durante muchos días y cada vez se adentra más en el periodo lectivo. Y luego, a partir de unas temperaturas más elevadas, y también dependiendo de las edades, entramos en riesgos para la salud, de que se den golpes de calor o agotamientos por calor en los estudiantes. De hecho, muchos de los centros que están haciendo estas reivindicaciones reportan desmayos o sangrados de la nariz. Es decir, que tenemos por un lado la parte educativa, pero luego, el riesgo sanitario.
Además, hay que tener en cuenta que, en el caso de los patios, que es donde encontramos las temperaturas más extremas, estamos haciendo eso que precisamente se contraindica cuando hay altas temperaturas, que es salir al exterior, hacer actividad física en las horas centrales del día y exponerse al sol. Y, sin embargo, es lo que hacen todos los días los niños y las niñas cuando salen al patio a las doce, a la una, después de comer, en estos patios que además son mayoritariamente espacios totalmente desprovistos de sombra y con unas superficies que acumulan y emiten mucho calor. En los espacios de interior, según la normativa laboral, la temperatura máxima para un trabajo sedentario en una oficina es de 27 grados, y en todos los centros que hemos ido esa temperatura era la mínima y se superaba ampliamente. Tenemos este doble rasero, que parece que los centros educativos no aplican los mismos riesgos que consideramos para el entorno laboral y les ponemos en situaciones contraindicadas por el riesgo sanitario.
Esto está demostrando que no están adaptados tampoco los centros a toda esa climatización; no tenemos más que hormigón, frente a infraestructura verde, también en nuestras ciudades.
Sí, es un reflejo también de lo que sucede en las ciudades. En el caso de los centros educativos, además, hasta hace unos años o algunas décadas, el periodo lectivo se acababa justo cuando empezaba a hacer calor. Entonces parecía que no era tanto problema el no tener las características de aislamiento o los patios, sombra, pero ahora, a medida que a causa del cambio climático tenemos temperaturas más elevadas, se van viendo todas estas carencias y es lo mismo que podemos ver en el centro de muchas ciudades. Prima el hormigón, el cemento, la falta total de infraestructura verde, de cobertura vegetal, que al final lo que hace también es favorecer que se vaya acumulando ese calor en las superficies, que haya poca ventilación. También hay mucho tráfico que influye en que aumente la temperatura y, además, agrava las consecuencias del calor la contaminación. Entonces, tenemos muchas zonas de las ciudades que son una auténtica olla de calor, de contaminación, que exponen a las personas a unas condiciones totalmente insalubres.
¿Qué medidas específicas de bioclimatización y renaturalización propondríais para centros con la arquitectura de un instituto como este de Benissa?
Pues ahí cada centro, evidentemente, necesita un estudio específico, pero de forma general en las edificaciones se han de hacer rehabilitaciones que permitan que haya una bioclimatización, sobre todo potenciar la climatización pasiva con energías renovables, no intentar tirar de aires acondicionados, porque al final eso también contribuye a acrecentar el problema, que es el cambio climático; es decir, una rehabilitación descarbonizada. Y en los patios, renaturalizar los espacios, levantar hormigón y superficies más permeables, más sombra con arbolado, con arbustos; también aprovechar fachadas y azoteas. Además, con los patios renaturalizados, está demostrado que aparte del frescor que pueden proporcionar, también tienen otros beneficios físicos y a nivel cognitivo, y además en algunos sitios se están usando luego como refugios climáticos para los barrios. Es un espacio que se puede abrir a la comunidad y que pueden utilizarlo fuera del periodo lectivo.
¿Y qué nivel de responsabilidad y qué acciones inmediatas tendrían que tomar el ayuntamiento, así como la Generalitat y en general las administraciones?
Pues dotar de presupuestos, porque las competencias suelen ser mayoritariamente de las comunidades autónomas, para que se puedan realizar este tipo de proyectos. Ya ha habido un anuncio por parte del gobierno central de que va a dotar de 200 millones para la rehabilitación de centros escolares, que tendrá que llegar a las comunidades autónomas. Entonces, asegurarnos de que en esa cadena burocrática y de coordinación entre administraciones no pasa lo que sucede muchas veces, que se pierde el tiempo por trámites burocráticos y barreras administrativas y falta de coordinación. Y que luego, como los recursos, evidentemente son limitados, hay que ir haciendo ciertos estudios para priorizar los centros donde hay mayores deficiencias, los que están en barrios que ya de por sí tienen unas zonas de islas de calor más elevadas. Hay que priorizar dónde se empieza a actuar, aunque la idea, por supuesto, es que todos los centros tengan que estar adecuados para este clima y estas altas temperaturas. Hablábamos del aire acondicionado, pero también el uso de refrigeración artificial es una trampa insostenible para los gases de efecto invernadero. Lo que tenemos que intentar es no recurrir precisamente a medidas que, por un lado sigan acrecentando el problema, como emisiones de efecto invernadero, aparte de que los propios equipos de aire acondicionado emiten luego calor al exterior que solo contribuye a que en barrios o calles enteras también aumente la temperatura. También se está estudiado el caso de los toldos o las superficies que se cierran mucho con sombras artificiales, que no tienen la misma capacidad de refrigeración y de frescor que una superficie con una cobertura natural.
Sin embargo, las políticas públicas parece que siguen prefiriendo soluciones de alto consumo energético, en lugar de estas reformas más ecológicas.
Sí, poner este tipo de aparatos de climatización en todos los edificios también conlleva su coste, pero hay que pensar en el medio y el largo plazo, también en qué tipo de climatización estamos promoviendo en edificaciones públicas de centros escolares. Optar, no por lo fácil y lo sencillo que, insisto, no es carente de coste y que no ejerce una solución realmente estructural y sistémica al problema, en el contexto de crisis climática que tenemos hoy en día.
¿Cómo se puede equilibrar este aumento de vegetación creando zonas verdes, con el problema hídrico crónico que tenemos en provincias como Alicante?
Con una gestión sostenible del agua. Ahora también se habla mucho de las soluciones basadas en la naturaleza y una de las premisas básicas es siempre utilizar vegetación que sea autóctona y que esté adecuada al contexto climático. Por un lado, elegir ese tipo de especies ya te está garantizando que no vas a tener una demanda excesiva, porque son especies que están adaptadas al clima en el que se van a implantar, el clima mediterráneo, en este caso. Y luego además hay que tener en cuenta que muchas veces, cuando se hace ese tipo de proyectos se puede juntar con otras intervenciones también de revegetación y de permeabilización de superficies, donde al final la demanda hídrica sea menor porque se absorbe más agua en los momentos de mayores precipitaciones. Es decir, hay toda una serie de soluciones técnicas que se tienen que valorar en el contexto específico, pero para nada aumentar la cobertura vegetal necesariamente va a acrecentar la demanda hídrica.
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