Juan Manuel Pérez: “No basta con instalar aerogeneradores, sino que se deben integrar tecnologías para evitar que se conviertan en trampas ecológicas”

Un equipo internacional de investigadores, coordinado por el Departamento de Biología Aplicada de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), ha publicado  el primer estudio a gran escala con datos del impacto real que los aerogeneradores causan sobre la mortalidad de aves y murciélagos en Sudamérica.

Supone una década y media de registros en uno de los países líderes en inversión en energías renovables de Latinoamérica y su autor es el profesor Juan Manuel Pérez García.

La investigación, en la que también participan la Universidad de Alicante (UA) y la Universidad de Chile, ha documentado un total de 1.218 aves de 80 especies y 1.250 murciélagos de seis especies fallecidos por colisión en 47 instalaciones eólica.

¿Por qué el proyecto se centró en Sudamérica?

Por relaciones familiares tengo mucho contacto con Chile, con ornitólogos locales de allí y después de llevar varios años haciendo un trabajo similar en España, con todo ese know-how que teníamos, empezamos a intentar trasladar lo que sabíamos que pasaba en Europa, y especialmente en España, que es una de las regiones pioneras tanto en la producción de energía eólica como en el estudio de ese impacto, a Chile, donde, de hecho, son empresas españolas las que están desarrollando la energía eólica allí. Y lo que hicimos fue empezar a recopilar datos en estos parques eólicos y, después de diez años, empezar a analizar y a ver patrones de mortalidad.

­Es el resultado, por tanto, de 15 años en Chile (de 2009 a 2023) para analizar un impacto ambiental que hasta ahora apenas había sido cuantificado de forma sistemática en el Cono Sur. ¿Cuáles han sido los hallazgos más interesantes?

Lo primero que vimos era que las metodologías eran muy diferentes entre regiones y eso suponía un impacto en el tipo de animales y en saber cuántos se encontraban muertos en los parques eólicos. Cuanto mayor es la frecuencia en el seguimiento, más animales se encuentran, porque si tardas mucho en ir a buscar hay mucha desaparición por animales carroñeros, como ciertos zorros y perros asilvestrados, que van comiendo los cadáveres. Era necesario estandarizar los seguimientos y hacer más esfuerzo en las búsquedas. En Europa, por ejemplo, ya llevamos años haciendo las tasas de desaparición de las pequeñas aves y entonces podemos hacer una estimación fina. Otra de las cuestiones que vimos es que donde más especies morían era a cien kilómetros de la costa, por ser zonas de transición, donde se encuentra mayor ocupación de aves. En concreto, encontramos abundancia de murciélagos y de algunas aves ligadas a agrosistemas, donde van a alimentarse y hay mayor posibilidad de causar una mortalidad si pones un parque eólico. También era la primera vez que se ofrecían registros de mortalidad en cóndor, en concreto encontramos nueve casos de cóndor andino, una especie amenazada globalmente, y llama la atención que siendo una especie más escasa puede ser una de las más sensibles a este tipo de infraestructuras. Esto nos lleva a poner atención en realizar mapas específicos y una particular consideración con una especie que realiza unos movimientos enormes, de hasta 850 kilómetros en un día. Hay que hacer más investigación, usando GPS donde puede aparecer, y viendo dónde van con mayor probabilidad y así crear mapas de riesgo.

­¿No se hacen normalmente estos estudios?

En Europa es habitual y en España tenemos modelos de riesgo predictivo para el buitre leonado, para el cóndor, para el buitre negro…, porque existe mucho avance en el seguimiento de las poblaciones. Pero en países como Argentina o Chile es más difícil, porque tienen menor inversión en biodiversidad y deben progresar aún.

_ Y ese es un punto clave también del estudio, conservar la biodiversidad.

Sí, la energía eólica es fundamental para mitigar las emisiones de CO2, especialmente en el actual contexto de inestabilidad energética regional, pero esta transición debe ser compatible con la conservación de la biodiversidad. Y para mejorar la implantación de esta energía, es vital contar con herramientas científicas que diseñen estrategias de mitigación efectivas que reduzcan la siniestralidad. El 44 por ciento de los parques eólicos analizados no implementaba ninguna medida de mitigación.

_ Se trata, entonces, de desarrollar infraestructuras eólicas más seguras.

Es una cuestión de financiación y de líneas estratégicas del país. El desarrollo de las leyes para las energías renovables en Latinoamérica aún está en pañales en muchos países. Aquí tenemos mapas para la energía eólica, pero allí van a distintas velocidades. México y Chile están más avanzados, pero Ecuador está empezando ahora, poniendo los primeros eólicos y nadie hace seguimientos. No basta con instalar aerogeneradores, sino que se deben integrar tecnologías y protocolos que eviten que las infraestructuras se conviertan en trampas ecológicas. Por ejemplo, la parada temporal de las turbinas durante periodos de alta actividad de fauna o con sistemas automáticos de detección de aves en tiempo real.

_ ¿Y en España, están bien ubicadas estas instalaciones?

En España existen molinos en casi todas las zonas que tienen recurso de viento. Nosotros, con la única especie que tenemos problemas es con el buitre leonado. Mueren alrededor de 850 buitres leonados al año y puede llegar un momento en que pueda afectar a la dinámica poblacional y a la agricultura. Hay otras especies cuyo impacto no se ha estimado bien, por ejemplo los murciélagos, y ahora empezamos a verlo. Es necesaria más investigación. Y en la Comunidad Valenciana, el principal problema lo hemos tenido en Castellón y en Ayora y cerca de Enguera hay una alta mortalidad.

­_ ¿Y terminado éste, qué proyecto les ocupa ahora?

Estamos estudiando, en Murcia, que las medidas eólicas se hagan de una forma más sostenible. Con las turbinas, cuando tienen unos veinte años de vida hay que cambiarles el motor o sustituirlas por unas de mayor potencia, y en los parques de Murcia se van a cambiar a mas potentes y nos han pedido elaborar una guía metodológica para que este reemplazo sea más sostenible, con una pauta científica. También estamos con oto proyecto con especies marcadas con GPS y viendo si afecta igual a jóvenes que a adultos; por ejemplo, si los buitres leonados tienen mayor posibilidad de colisionar con los molinos, ya que los jóvenes no tienen experiencia de vuelo y cuando se encuentran con una turbina eólica carecen de capacidad de maniobra y no pueden esquivarla. Y por otro lado, en Chile ya hemos terminado y ahora estamos pensando en Ecuador y seguiremos con otros países, como Argentina. Al final se trata de que el crecimiento de las renovables no suponga una amenaza silenciosa para ecosistemas únicos como el Desierto de Atacama o la Patagonia.

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